La mujer "trabajadora" debe asumir su doble jornada, situación que se agravará aún más al tener hijos, handicap muchas veces imposible de superar, por lo que muchas mujeres se verán obligadas a dejar de trabajar, unas de forma voluntaria, otras no tanto.
Sea como fuere es un hecho que en España muchas mujeres ven rescindidos sus contratos al quedar embarazadas, que las prestaciones establecidas por el Gobierno resultan insuficientes, las guarderías resultan muy costosas para muchos ciudadanos (sin mencionar el hecho de la falta de coordinación entre el horario escolar y la jornada laboral de los padres), que nuestros varones intervienen poco o nada en las tareas domésticas (más del 75% de la población masculina no ayuda en casa), la propia educación recibida nos hace sentirnos imprescindibles y responsables de cuanto acontece en nuestro hogar, y nos sentimos más que culpables al dejar a nuestros hijos para ir al trabajo.
La psicología moderna apunta a que el instinto maternal no es innato pero el fuerte peso de la transmisión cultural hace que la mujer sea vista como la responsable de las tareas domésticas y del cuidado y educación de los hijos, rol que ella misma acepta y que la obliga a estar siempre al pie del cañón. Su trabajo, que no es reconocido por el resto de la familia, resulta agotador, desde que se levanta hasta que se acuesta atiende a sus hijos, los lleva al colegio, va a la compra, realiza las comidas, la colada, friega los platos, plancha, limpia, cose... y un largo etcétera. No existen domingos, vacaciones o fiestas de guardar, para ella todos los días son igual, siempre pendiente de cuantos la rodean, llega a olvidarse de sí misma, de sus propias necesidades. Muchas mujeres llegan a convertirse en verdaderas esclavas de su hogar y de su familia, sin exigir nada a cambio, es lo que se ha denominado "síndrome de Cenicienta".
Y por si fuera poco de vez en cuando tienen que responder a la pregunta: "¿pero tu no trabajas, verdad?". No, ellas que son educadoras, enfermeras, empleadas de hogar, administradores del patrimonio familiar...
Pero claro, si le damos la vuelta a la moneda, resulta que sus contemporáneas trabajadoras tienen que hacer prácticamente las mismas obligaciones mientras las combinan con su vida laboral, quizás el piso no este tan limpio, ni pasen tantas horas con sus hijos, hasta tienen que quitarse alguna hora de sueño para hacer la colada o preparar la comida del día siguiente, son mujeres exigentes consigo mismas que se obligan a llegar a todo, son las llamadas "superwoman".
Y es que lo miremos por donde lo miremos las cosas no han cambiado tanto, ambas al fin y al cabo siguen siendo amas de casa, pero las primeras se sienten solas, ignoradas y desprestigiadas socialmente, y las segundas sobrecargadas, explotadas y estresadas.
En resumidas cuentas, que la mujer debe tomar verdadera conciencia de su situación, sea cual sea, y tomar cartas en el asunto antes de que sea demasiado tarde, de lo contrario ciertas enfermedades tan propiamente femeninas como los consabidos dolores de cabeza, la depresión o la ansiedad acabarán por hacer mella en nosotras.