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Cómo cuidar a un enfermo en casa

En ocasiones nuestros familiares más próximos se ven forzados a permanecer en cama, ya sea por unos días, unas semanas, o una larga temporada, como consecuencia de alguna enfermedad más o menos grave. Normalmente es la propia familia la que se encarga de sus cuidados, ya sean los padres, en el caso de que enfermen los niños, o los hijos, en el caso de que enfermen los padres ya ancianos.

YOLANDA BARBERÁN / MUJERACTUAL
Hombre enfermo
Normalmente es la propia familia la que se encarga del cuidado de sus enfermos.
Existen normas y hábitos así como una rutina diaria que harán el período de convalecencia más grato tanto para el enfermo como para su familia, cuidadores habituales del enfermo en casa.

La habitación del enfermo
Puede ser el propio dormitorio del enfermo o se puede acondicionar cualquier otra habitación con tal que éste se encuentre cómodo y que la persona encargada de su cuidado también lo este.

La habitación debe estar bien ventilada y tener buena luz, así como una temperatura moderada. Junto a la cama, el enfermo deberá contar siempre con una mesilla con vasos de zumo o agua, así como una lamparilla y material de lectura, libros, revistas, etc., y una radio o televisión, así como cualquier otro entretenimiento que él pueda realizar.

Recuerda que los medicamentos nunca deberán dejarse al alcance del enfermo, especialmente si se trata de niños o personas muy mayores, que podrían tener la tentación de tomar una dosis extra para aliviar sus dolores.

En caso de que el enfermo se pueda levantar de la cama, la habitación deberá contar también con una butaca cómoda y un orinal, si no puede desplazarse el sólo hasta el cuarto de baño.

Si el paciente en cuestión es un niño, deberemos instalar en su habitación una lucecita nocturna e incluso un timbre o en su defecto una campanilla, para poder estar siempre alerta de sus llamadas.

Si el paciente ha de permanecer mucho tiempo en cama, sería conveniente utilizar protectores de piel de cordero o almohadillas gomaespuma, con el fin de evitar posibles úlceras en las zonas de mayor riesgo como nalgas, talones o codos. Otra buena medida es cambiar al paciente de posición con regularidad.

La rutina diaria
Establecer una rutina diaria es lo más conveniente tanto para el paciente como para la persona que se encarga de sus cuidados. De esta manera ambos podrán distribuir su tiempo de acorde a sus necesidades y sabrán a qué atenerse. Claro está que la rutina establecida podrá modificarse según las circunstancias.

Lo mejor es iniciar el día con el cuidado de la higiene del paciente, lo más recomendable es que éste se bañe a diario, si no se puede mover de la cama, lo más aconsejable es que sean dos personas las que se encarguen de su lavado. Antes de empezar, deberán tenerse todos los utensilios preparados y a mano y tener la habitación bien templada. A continuación procederemos al cambio de sábanas, es mejor cambiarlas cada dos días, de no ser que el paciente sufra de incontinencia. Y a continuación le serviremos el desayuno. Tanto el desayuno como el resto de las comidas, nunca debe ser excesivo, más bien debe caracterizarse como norma general, por ser comidas atractivas, ligeras y nutritivas, especialmente para aquellos pacientes que sufran de mal sabor de boca.

Las visitas será mejor dejarlas para la tarde, recuerda que a todos los pacientes les gusta estar bien arreglados para dicho momento - y cuanto más mayores, más aún -, ya que por norma general, éstos dedican la mañana a descansar, aunque si están animados también pueden realizar alguna actividad que les sea amena y que les entretenga.

A última hora de la tarde se les servirá la cena. Tras ella el enfermo podrá echarse a dormir o realizar alguna actividad como leer o simplemente descansar.

Atención médica a domicilio
Puede darse el caso de que la familia necesite la ayuda de una enfermera en casa. Éstas realizan una amplia variedad de funciones, como bañar o hacer la cama del enfermo que debe permanecer encamado las 24 horas del día, cambiar sus vendajes, revisar su tratamiento e informar al médico, así como aconsejar a la propia familia sobre los cuidados que debe recibir el enfermo, o los utensilios que éste puede necesitar para su mayor comodidad y la de sus cuidadores habituales, e incluso nos pueden asesorar sobre cómo obtener prestaciones económicas por cuidar al paciente en casa.