En muchas familias, los padres viven dificultades de todo tipo: económicas, en el trabajo, en las relaciones de pareja, tienen un ritmo de vida agotador. También los niños soportan todo tipo de presiones: los exámenes, las notas, tiempo libre insuficiente, actividades programadas a todas horas y para todos los días.
Los síntomas son comunes: angustia, jaquecas, náuseas, irritación permanente, fatiga crónica. La hiperactividad, el déficit de atención e incluso el "síndrome de fatiga crónica" también afectan a los pequeños. Ya desde los 2 años, el estrés puede agravar el asma o las alergias y provocar trastornos intestinales e irritaciones en la piel.
Según estudios recientes, se estima que el 40% de los niños sufre una sobrecarga física y emocional y que las depresiones afectan al 8% de la población infantil.
En el hogar
Acabada la jornada, en el hogar los padres han de afrontar otras tareas: la atención y el cuidado de los hijos, y el resto de las tareas domésticas. Al final, agotados, ir a dormir y acumular fuerzas para el día siguiente repetir el ciclo. En ocasiones, fatigados e irritables, descargamos la tensión sobre nuestros hijos.
Son nuestros hijos, pero no dudamos en cargarlos con todo tipo de obligaciones y actividades para evitar que pierdan el ritmo de la vida actual y se queden atrás. Antes de comenzar la enseñanza primaria les completamos el horario escolar con otras materias: inglés, música, informática. Y en los fines de semana los apuntamos a fútbol, tenis, artes marciales, ballet...
Falta tiempo para todo y el resultado es la reducción del tiempo libre. En un reciente estudio de la Universidad de Michigan, el tiempo libre de los niños norteamericanos se ha reducido de un 40% a un 25% en los últimos diez años.