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Iguales, pero no tanto

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Diferencias culturales
Remontándonos al siglo XVIII, las eminencias científicas estaban convencidas de que en el cerebro de las mujeres dominaban zonas reservadas al amor y a la ternura, y en el de los hombres las reservadas a la creatividad y a la agresividad. En el XIX, Rausch, aseguraba que los sistemas arteriales, responsables de la irritabilidad, imperan en el hombre; los venosos y ganglionares, artífices de la sensibilidad, la plasticidad y ¡las cualidades morales!, en la mujer. Muchos estudios similares a lo largo del tiempo han justificado las diferencias entre sexos. Hasta que en 1974, Maccoby y Jacklin se dedicaron a analizar y cruzar los resultados de 1.600 estudios sobre el tema. Conclusión: las semejanzas entre ambos sexos superan con creces las diferencias, si bien con algunos matices: las niñas eran mejores en aptitud verbal y, los niños, en la visual-espacial. En 1995, un experimento del doctor Ruben Gur, del Laboratorio de Comportamiento Cerebral de la Universidad de Medicina de Pensilvania (USA), estudió la actividad cerebral de 37 hombres y 24 mujeres, descubriendo que existen diferencias en la actividad metabólica neurológica de unos y otras en 17 zonas cerebrales como mínimo. Esto podría explicar la mayor agresividad de los hombres o la facilidad de las mujeres para expresar sus sentimientos y dominar el lenguaje.

Pero las últimas investigaciones encuentran rasgos diferenciadores que no se explican con argumentos biológicos sino por influjos culturales, educativos. Ya desde bebés se aprecia una relación directa entre la cantidad de llanto de la niña y la cantidad de atención de la madre; con los niños no sucede así, como si se tuviera miedo a que ellos fueran dependientes. Tampoco se les habla igual, según demostraron Browne y Frances, en 1988, al estudiar el lenguaje de los adultos cuando se dirigían a uno u otro sexo: "las niñas son dulces, bonitas, tesoros, tranquilas, preciosas, cariñosas, ordenadas, calladas. Los niños son duros, brutotes, grandes, fuertes, valentones, machos".

Las niñas son más cariñosas. Los niños son más brutos
Parte de la culpa, según los teóricos biologicistas, reside en las hormonas. Pero aunque el organismo presente una diferencia sexual, la cultura es la responsable de que se acentúe o reduzca. El padre es el miembro de la pareja que expresa menos su afecto; de ello toman nota los niños y lo imitarán. Por otra parte los niños reciben reacciones negativas cuando intentan hablar con un adulto, pero reacciones muy positivas cuando realizan actividades agresivas como simulaciones de lucha. También se ha observado como muchos padres juegan activamente con los niños cuando éstos manejan un tren, pero ni los miran cuando juegan con las muñecas. Así que, por jugar con papá, bien vale tirar la mejor muñeca del mundo y centrarse en el trenecito.

De todas formas, en muchas ocasiones, cuando se enfrentan al mismo juguete, los niños y niñas les dan distintos usos: en estudios realizados en guarderías, el mismo conjunto de escoba y recogedor que a ellas las incita a barrer su casita, se convierten en una fantástica espada y un estupendo escudo para los pequeños.

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  • Igualdad en el hogar