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La vida en torno a una pastilla

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Los consumidores principales son jóvenes y adolescentes que todavía están en el colegio. Las discotecas, las fiestas interminables durante los fines de semana y el divertirse, son las causas que se asocian al consumo de estas sustancias. La ruta del bakalao en los años 90, las catapultó a la fama. Son las llamadas drogas de diseño. |
BELÉN SOLAZ / UNO-CONTENIDOS
Con esta expresión se designa a ciertas sustancias de origen natural cuya estructura química se ha modificado mediante la manipulación en el laboratorio. Todas ellas son derivados del esqueleto anfetamínico y aportan muy poco terapéuticamente. Los consumidores creen que con ellas aumentan la empatía, las relaciones sociales, y (como producen una excitación en el sistema nervioso), les hacen tener una sensación de libertad, de desinhibición y poder que sin ellas no creen que puedan llegar a sentir con nada. Al consumirlas se sienten libres, atractivos, capaces de gustar más, de atraer al sexo opuesto porque creen aumentar así su autoestima. Pueden bailar toda la noche sin cansarse y aguantar un fin de semana entero sin dormir. Para ellos son la solución a sus problemas.
El problema es que los grandes beneficiarios de esta realidad social son los que las distribuyen, que han encontrado un mercado en un grupo de la población, que aún no teniendo recursos, son capaces de adquirirlas y de estar enganchados cada vez más a ellas. Conforme aumenta la adicción, las necesidades también van aumentando. El hecho de que su precio sea relativamente bajo hace pensar que se trata de un juego de niños, como pueden parecer el tabaco o el alcohol. Sin embargo su bajo precio es directamente proporcional a su mala calidad.
Las drogas de diseño tienen un perfil de consumidor de un joven estudiante, que vive en casa y que durante la semana desarrolla una vida normal. Pero que sin embargo, aunque sus padres probablemente lo ignoren, vive y sueña con que llegue el fin de semana e "irse por fin de fiesta". Con lo que le dan en casa y tal vez un poco más, puede irse pagando las pastillas que consume, que probablemente le serán vendidas por conocidos en las puertas de las discotecas, institutos o lugares recreativos. Un adolescente con su grupo de amigos, sin una personalidad definida y por seguir lo que hacen los demás para conseguir divertirse y olvidarse de los problemas, es el perfil más habitual de esta clase de consumidores.
Este consumo aumenta cada vez más. Según el doctor Gonzalo Robles, delegado del Gobierno para el Plan Nacional contra la Droga, el 40% de las personas que demandan tratamientos por adicción a estupefacientes, consume drogas recreativas durante los fines de semana como la cocaína, el cannabis, éxtasis y las anfetaminas. Según él, esta tendencia irá aumentando en los próximos años. Por ello los más de mil centros de tratamiento a drogodependientes que hay en España, tienen que adaptar sus metodologías al hecho de que la sustancia más consumida haya dejado de ser la heroína y haya sido sustituida por las drogas de diseño.
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