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Cómo despedirse del pañal

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- El primer paso siempre es el orinal: Hay que acostumbrarle progresivamente a él, de manera que lo considere casi como un juguete. Por ejemplo, después de comprarlo, es conveniente que el niño lo use libremente para lo que le apetezca (jugar, arrastrarlo, etc.), puesto que así le cogerá confianza. Perdido el miedo, se trata de intentar que el pequeño se siente en él, aunque sea vestido, que se mueva, se siente y se levante. Si el niño no quiere, nunca hay que forzarle, puesto que sólo conseguiríamos el efecto contrario, y esperar un tiempo prudencial antes de volverlo a intentar.
- Empezar a ir al baño: Cuando sea un poco más grande, puede acompañarse al niño al lavabo cada cierto tiempo, convirtiéndolo en una especie de ritual que se aprenda y repita casi de modo automático. Conviene acostumbrar a los pequeños a utilizar el inodoro tan pronto como sea posible. Por eso, para combatir las primeras aprensiones, puede resultar útil recurrir a un adaptador de los que venden en el mercado.
- Fuera los pañales: A modo de transición entre el pañal y el inodoro, algunos padres optan por usar variantes de pañales que simulan ropa interior y ayudan a los pequeños a desarrollar la habilidad de subirse y bajarse la ropa a la hora de ir al baño. Este tipo de productos es una buena alternativa también para las noches, puesto que los niños participan activamente y, además, se sienten protegidos.
Es importante tener en cuenta que una vez que el pequeño use ya ropa interior, no hay que volver al pañal, ya que esto sólo contribuiría a que el niño perdiese la confianza ganada con sus logros. Tampoco es conveniente iniciar el aprendizaje en momentos clave, como una mudanza, la llegada de un hermanito, el inicio de las clases, con el alejamiento o pérdida de algún ser querido o cualquier otra situación que implique un cambio importante para el pequeño.
Sobra decir que si el niño no hace pipí cuando le estamos enseñando, no hay que enfadarse ni regañarle y, si se logra el objetivo, es aconsejable felicitarlo, puesto que de este modo fomentamos su autoestima y confianza. No hay que olvidar que en este proceso el tiempo, la paciencia, el cariño y la comprensión son elementos fundamentales.
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