 En principio, no debe dársele importancia. |
Los niños a partir de los tres o cuatro años sienten curiosidad por cómo es el cuerpo de otros niños, quieren saber si son iguales o hay diferencias entre ellos y aprenden jugando.
Esta actitud debe tratarse como una etapa más por la que tienen que pasar en su evolución, sin darle más importancia.
Sin embargo no debe descuidarse la atención si se observa que alguno de los niños no juega de forma voluntaria o hay una diferencia entre los niños de más de dos años.
Tenemos que estar alerta de que no puedan hacerse daño utilizando algún objeto, y si hay que actuar, hay que hacerlo siempre de forma natural sin que ninguno de los niños se sienta culpable por el juego.
Si vemos que los niños se entretienen insistentemente con los mismos juegos, entonces deberíamos prestar un poco más de atención a sus actitudes por si pudiera existir algún problema.