Durante el embarazo, hay dos periodos de gran riesgo para la mujer como para el feto: los tres primeros meses, cuando existe mayor riesgo de desprendimiento de placenta o rotura uterina, ya que apenas hay líquido amniótico; y el periodo más avanzado, en el que existe un riesgo avanzado para la vida de ambos.
Muchos trabajos de investigación actuales enfatizan la importancia del uso correcto del cinturón de seguridad para la reducción de lesiones por accidente de tráfico en las embarazadas y sus hijos. Sin embargo, la mujer encinta tiene un gran desconocimiento de las ventajas y desventajas de su utilización.
Aunque, en general, la mujer usa el cinturón de seguridad con más frecuencia que el hombre, durante la gestación tiende a utilizarlo menos bajo la creencia errónea de que puede generar lesión fetal o muerte en caso de colisión. Muchas mujeres creen que el cinturón de seguridad les va a perjudicar.
Los artículos 116 y 119 del reglamento de circulación establecen la obligatoriedad y exenciones al uso del cinturón de seguridad, y exponen que "podrán circular sin los cinturones u otros sistemas de retención homologados (entre otros) las mujeres encinta cuando dispongan de un certificado médico en el que conste su situación o estado de embarazo y la fecha aproximada de su finalización". Además, se exige que el certificado "deberá ser presentado cuando lo requiera cualquier agente de la autoridad encargado del servicio de vigilancia de tráfico". El criterio más aconsejable para extender el certificado es el embarazo de alto riesgo.
Con independencia de la normativa, la mayoría de los estudios de investigación sobre mortalidad y lesiones acaecidas en accidentes de tráfico en mujeres embarazadas demuestran las consecuencias negativas -desprendimiento de placenta, rotura de útero, amenaza de aborto...- de la utilización incorrecta del cinturón de seguridad. Lógicamente, también señalan los graves efectos de no utilizarlo, que incluyen mayor riesgo de expulsión o eyección con fallecimiento de la madre y del feto.