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Por otra parte, durante el embarazo, la hiperventilación aumenta ante el ejercicio leve, pero no se incrementa proporcionalmente con ejercicio moderado o severo. Con el ejercicio hay un aumento en la producción de bióxido de carbono y de ácido láctico, así como una mayor acidosis (aumento de la acidez y disminución de la reserva alcalina de la sangre). Mientras se realizan actividades leves, como el aeróbic, se presentan los aumentos esperados de consumo de oxígeno. Sin embargo, durante el ejercicio de gran intensidad el aumento en el consumo de oxígeno es menor al esperado, lo cual sugiere que la mujer embarazada es incapaz de mantener altos niveles de actividad aeróbica. Esto indica una disminución en la reserva pulmonar; dicha ineficiencia respiratoria aumenta el riesgo de acidosis láctica si el ejercicio de alta intensidad se mantiene por largos períodos.
Convine no olvidar que las necesidades energéticas del embarazo son de aproximadamente 300 kilocalorías adicionales diarias, y que la mujer físicamente activa necesita aún más. Por ningún motivo se debe promover la práctica del aeróbic para inducir una pérdida de peso durante esta etapa. La mujer embarazada consume hidratos de carbono con una mayor velocidad durante el ejercicio y como resultado, puede provocarse hipoglucemia cuando éste es prolongado e intenso.
Respuestas fetales al ejercicio materno
Existe una correlación cercana entre el nivel de actividad del sistema nervioso simpático en la madre y la magnitud de la respuesta fetal. El ritmo cardiaco fetal casi siempre aumenta después del ejercicio materno, aunque a veces disminuye ocasionalmente. En algunos estudios se ha reportado bradicardia fetal (ritmos cardiacos de menos de 120 latidos por minuto) durante y después del ejercicio. Por el momento se desconoce la incidencia real y la relevancia de este fenómeno, no obstante, puede representar períodos breves de asfixia fetal.
El aumento leve en la actividad uterina es también común después del ejercicio. La actividad prolongada puede inducir un incremento en la temperatura central o interna, deshidratación y una elevación en las concentraciones de "norepinefrina" (hormona que actúa como neurotransmisor y es secretada principalmente como respuesta a la hipotensión). La hipertemia puede tener efectos teratogénicos (que producen deformaciones en el feto) durante la embriogénesis (el desarrollo del embrión, o sea del futuro feto) y ser un factor que precipite prematuramente un trabajo de parto. Esto ha llevado a los especialistas en obstetricia y ginecología a recomendar una serie de lineamientos básicos para el ejercicio durante el embarazo que siempre deben tenerse en cuenta en la práctica del aeróbic.
En primer lugar, las mujeres embarazadas deben vigilar que su ritmo cardiaco no exceda los 140 latidos por minuto; sus actividades fuertes no deben durar más de 15 minutos; no deben realizar ningún ejercicio en posición supina (acostada) después de haber completado el cuarto mes de gestación; tienen que evitar los ejercicios que emplean la "maniobra de Valsalva" (retención de la respiración); la ingestión energética debe ser adecuada para cubrir, además del costo adicional por embarazo, aquel del ejercicio realizado; y para finalizar, es conveniente que mantengan la temperatura corporal (medida en el recto) por debajo de los 39º C.
Tampoco hay que pasar por alto que existen algunas contraindicaciones para la actividad física durante el embarazo: sangrado vaginal, placenta previa, anemia (por la disminución de la capacidad ventilatoria a causa de un transporte de oxígeno deficiente), enfermedad cardiaca o tiroidea, hipertensión, cualquier evidencia de retardo en el crecimiento intrauterino, presentación fetal inadecuada durante el último trimestre y obesidad o el sobrepeso excesivos.