La situación anterior
La cueva de Altamira tenía (y seguirá teniendo) el límite de 8.000 visitas anuales. Ello es necesario para garantizar la conservación de las pinturas. Este límite ha originado que la cola para verlas se traduzca en una espera de casi tres años. Existe la posibilidad de probar suerte presentándose una mañana cualquiera para incorporarse a la "lista de espera bis", que se hace con las vacantes de las personas que no se presentan a la visita el día que se les ha asignado. La probabilidad de visitar la cueva así es bastante elevada si se elige un día laborable de invierno. En otro caso, se han llegado a presenciar peleas entre los que han dormido en su coche o incluso en un saco, junto a la puerta de las instalaciones para ser los primeros de la lista de espera.
El nuevo museo
El nuevo museo reproduce gran parte de la cueva. No es, ni pretende ser, una clonación. Se ha pretendido que sea un instrumento para el conocimiento de Altamira, una herramienta que, desde el punto de vista informativo, ofrecerá más referentes que la cueva original.
Al inicio del trayecto, una recreación virtual con imágenes tridimensionales muestra un instante en la vida del hombre de Altamira. En los laterales de la pasarela metálica que marca el camino, hay unas pantallas de plasma donde se puede ver como los habitantes de Altamira de hace 145 siglos machacaban piedras de tierra y carbón vegetal hasta convertirlos en pintura con que representar signos y animales.
El plato fuerte del museo es la copia del Gran Techo con sus 21 bisontes, los dos caballos y la cierva. Para su elaboración se han combinado las altas tecnologías con las técnicas más arcaicas. La informática, la fotogrametría, la física, la química y la microtopografía se han utilizado para reproducir el techo físicamente con sus relieves, grietas y fisuras. Para el copiado de las pinturas se recurrió a pigmentos naturales de tierra y carbón y a las herramientas más básicas: las propias manos y muñequillas de cuero, básicamente. Los dos pintores, ambos fotógrafos y profesores de Bellas Artes, emplearon un año en completar el trabajo.
Mejor información
Los datos que la neocueva proporcionará acerca de la caverna original en su época paleolítica serán más fidedignos que los que ésta ofrece al visitante, al rescatar elementos de aquella cueva hoy desparecidos o modificados. Así, tanto la boca de la gruta como la zona de vivienda situada junto a ella recuperan el que, según las investigaciones, era su aspecto antes del desplome que hace 13.000 años selló la entrada y aseguró la protección de las pinturas frente a los agentes externos. Gracias a ello y puesto que la reproducción tiene la misma orientación que la caverna real, de la que sólo dista unos 300 metros, el visitante verá desde la neocueva el mismo paisaje que el pintor de los bisontes y su tribu.
Por otra parte, un estudio del polen hallado en las capas de tierra del cuaternario ha permitido reconstruir el paisaje vegetal del entorno: pino, avellano, abedul y numerosas especies de hierbas. La reproducción suprime los muros de consolidación levantados en 1925, 1941 y 1957 en la gruta, los cuales crean un falso y largo trayecto entre la entrada y la Gran Sala de polícromos. El acceso desde el vestíbulo hasta dicha sala es, en la neocueva, tan inmediato como lo era en tiempos del pintor. En cambio, se ha hecho desaparecer el techo de un estrecho corredor para que el visitante no se vea obligado a reptar para ver los signos y máscaras de las paredes.
Las obras de construcción se realizaron de forma que no dañaran el entorno ni la caverna real y el inmueble presenta un escalonamiento que lo integra perfectamente en el paisaje. El edificio reúne, junto a la neocueva, dos grandes salas para la exposición permanente y los espacios propios de un museo y un centro de investigación modernos. Contiene aulas, talleres, salón de actos, cafetería, despachos y una biblioteca.