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"Belles dames sans merci"
Su estilo artístico se adentra en la línea de la pintura romántica, y bebe directamente del poético mundo de los románticos, como se comprueba en su paleta cromática y su particular forma de mostrar el mundo. Sus espacios artísticos están protagonizados siempre por caballeros solitarios y de apariencia melancólica unidos a bellas damas "sans merci". Su desilusión al vivir el ambiente religioso que se respiraba en Oxford le instó a concebir y ha sentir especial admiración por el arte y la literatura de la Edad Media. En 1855 descubrió el libro de Sir Thomas Malory, titulado "La Muerte de Arturo". A partir de ese momento, en sus cuadros empezaron a aparecer numerosas escenas que trataban con detenimiento la apariencia romántica y la poética medieval que no cesará hasta el final de sus últimos trabajos.
El conjunto de la obra de Sir Edward Burne-Jones se concibe siempre con la psicología del amor. Su primer amor por Georgina MacDonald fue muy complicado y sus pinturas realizadas entre 1858 y 1864 así lo reflejan. Como característica principal es necesario apuntar la presencia de la mujer fatal, que es la que domina sus obras. Poco a poco, en una segunda etapa pictórica, se irán transformando en mujeres "sans merci", de rostros melancólicos y sin ningún tipo de atractivo personal. Sus fracasos amorosos dibujaron una línea estilística muy fuerte. Así su pintura estrecha fuertemente los lazos con sus desastrosas experiencias.
A partir de 1870 en sus obras se incrementan las líneas del pesimismo y todos sus cuadros se adentran en las representaciones de mundos oscuros, melancólicos y que, en muchos casos, rozan con lo depresivo. Sus composiciones dejan de tener cualquier halo de movimiento, se vuelven estáticas, y las escenas chocan con la belleza de unas mujeres de rostros blanquecinos. Esta paradoja ese encuentra muy patente en cuadros como "Laus Veneris", o "Venus Epithalamia". Sus desnudos femeninos, y su predominante sensualidad, se enfrentan al estancamiento de las escenas que se vuelven narrativas, lo que justifica el resto de la composición.
Con el paso de los años, todo este tenebrismo y melancolía se acerca al paroxismo, al clímax que vaticina un desastre. El detonante final llegó cuando su amante, María Zambaco, intentó suicidarse en público. El arte de Burne-Jones se volvió desde entonces anguloso, y las expresiones de sus personajes se volvieron erráticas, gestuales y muy nerviosas.
Las series de la Rosa y el Pigmalión
Muchas de las obras tardías de Burne-Jones son de gran tamaño. Su meticulosidad y trabajo le obligaron a tomar largos períodos de tiempo para concluirlas. Ejemplos de ello son la serie de "La rosa del brezo", que se expuso en Buscot Park de Oxon en 1890, o su gran cuadro, "El rey Arturo en Avalón", como también la serie de Pigmalión.
En la primera de ellas destaca el cuadro titulado "El Peregrino a la puerta de la Ociosidad". Burne-Jones trabajó en esta serie que se compone de tres cuadros, desde la década de 1870 hasta el final de su vida. En este cuadro se representa al Peregrino que es conducido a la presencia de la ociosidad. El tema es encarnado por una joven vestida de verde y sentada. El Peregrino, al llegar, siente la tentación que representa esta figura seductora. Un tema muy parecido al de Pigmalión.
El comienzo de la representación de esta serie indicó una continuidad que se formaba a través de una serie. Burne-Jones realizó una serie de dibujos para ilustrar la leyenda de Pigmalión, según el poema de su colega Morris titulado "Pigmalión y la estatua". De esta manera Burne-Jones encontró la manera de contar historias a través del arte. En la serie Pigmalión, el prerrafaelista prácticamente hace una obra autobiográfica. El contenido alude claramente a su relación con María Zambaco, y el final de ésta coincide también con la fecha de conclusión de la serie. Los cuatro cuadros que la componen fueron realizados para Euphrosyne Cassavetti, la madre de María.