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La escultura moderna. Vertiginosa evolución de tendencias

La escultura actual irrumpe en el mundo de los sentidos desde la óptica conceptual de la versatilidad. Parece que en nuestros días la escultura ha alcanzado la culminación de la mezcolanza artística. Atrás quedaron aquellos tiempos donde grupos de revolucionarios vanguardistas, imponían las tendencias que marcarían nuevos hitos en la historia universal del arte.

J. M. GUTIÉRREZ FERNÁNDEZ / UNO CONTENIDOS
Escultura

Escultura

¿Posee la escultura actual el carácter visionario, casi clarividente, de los estilos añejos que fueron -y que siguen siendo- una auténtica revolución en el panorama existencial del hombre? ¿Es la dinámica humana que rige y sustenta el mundo creativo del ser humano, el concepto esencial del "arte por el arte" que reinó en una época exenta del mercantilismo comercial?

Se abre paso ante nuestros ojos un desfile interminable de obras fuertemente cotizadas en el mercado artístico. Las tendencias son mayormente el reflejo de imposiciones pasadas que calaron en la sociedad por el peso de una necesidad regeneradora del ser humano. Sólo hoy día perduran algunos locos soñadores, con esa capacidad aislada de crear todo un compendio visionario de arte en estado puro. Para mayor INRI, el arte de última generación, que no es sino esa recopilación algo exhaustiva de los estilos anteriores, ofrecida con mayor o menor originalidad, alcanza cotizaciones muy altas en las galerías dedicadas al rentable negocio de la "belleza".

Según algunos artistas modernos, el arte, en el momento mismo en el que se rompe el poder revelador de la verdadera expresión artística, se convierte en una especie de "liturgia de la inercia", es decir: cuando el sentido de la improvisación deriva hacia el mero propósito de la rentabilidad, la capacidad creativa del artista se transforma en la "transgresión decadente de la propia originalidad", en una "mera proyección de la manifestación virgen del arte, cuando sólo basó su cadena de propósitos visuales en la representación legítima y trascendental de la expresión humana". Por esta razón, la escultura actual es una prolongación de propuestas y extravagancias ocultas bajo el tenue velo de la peculiaridad, una contienda ininterrumpida entre los valores defensores del arte puro y una industria en continuo auge mercantilista.

Sin lugar a dudas, para estos artistas aislados de última generación, crear para mantener un orden continuo de producción artística, es lo más parecido a pensar, erróneamente, que el arte se define en el alma del autor como una profesión, como una "especie de cadena alimentaria del alma, vista desde el rudimentario motivo de la rentabilidad".

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