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El Greco: sueño y arte

El Greco fue un soñador impulsivo y místico, con una gran potencialidad artística que supo recrear tipos de un admirable verismo con un dominio de tonalidades limpias y armónicas que superó todo lo realizado hasta entonces. En pleno Renacimiento, la pintura del Greco trastornó completamente el panorama del arte español, saltándose las fórmulas establecidas gracias a su dominio extraordinario de la técnica. Pintor de genio y hombre de contenida religiosidad, el Greco supo hallar en Toledo el lugar más idóneo para plasmar en sus cuadros la captación de lo real y su exaltación visionaria. De las formas táctiles y de la visión manierista, pasó a atmósferas donde luces y tinieblas contrastaban con intensidad.

CARMEN PAYÁ / UNO CONTENIDOS
Cuadro de El Greco

Cuadro de El Greco

El 7 de abril de 1614 moría, tras recibir los auxilios espirituales según el rito católico, Dominico Theotocopulus, natural de Candía en la isla de Creta. Aquel vecino desde 1589 de la cosmopolita ciudad de Toledo dejaba, al morir, una obra que es testimonio de un excepcional espíritu. En 1567 marcha a Venecia donde entra en contacto con la pintura de allí. Discípulo de Tiziano, aprendió de Veronese la técnica pictórica. A España llegó en 1577 donde conoció a Jerónima de las Cuevas que fue la madre de su hijo Jorge Manuel. Desde septiembre de 1585 se instaló en Toledo donde, ciudad en la que realizaría sus obras maestras.

La figura capital de la pintura española del siglo XVI es el Greco, Domenico Theothocopulus, nacido en Creta en 1541, educado en Venecia y presente en España, en concreto en Toledo desde 1579 hasta su muerte en 1614. La formación del Greco es muy compleja. Su primera educación bizantina le impregna de un sentido casi abstracto, ritual y simbólico de la imagen piadosa, derivada de los iconos y visible luego en sus representaciones de Cristo bendiciendo o abrazando una cruz, y en muchos rostros de sus apóstoles.

Su paso por Venecia es determinante para su técnica, suelta y libre, y su colorido, rico y suntuoso, de gamas preferentemente frías, de carmines, azules, amarillos y blancos argentados más cerca de Tintoretto que de Tiziano. También bastantes de sus esquemas compositivos derivan de modelos venecianos, especialmente en su primera época, y temas como la Adoración de los pastores, se ordenan siempre de un modo parecido a como lo hacía Bassano, aunque interpretándolo de modo absolutamente diverso.

De su paso por Roma recoge un tratamiento del desnudo, de remoto origen "miguelangelesco", y un sentido de la composición alargada y serpenteante, deformando los cuerpos en sentido longitudinal, que procede del mundo manierista.

El éxito español
Su venida a España debió de estar determinada por la fama de El Escorial y el deseo de trabajar allí. De hecho, preparó para el monasterio un lienzo de San Mauricio que, aunque le fue pagado espléndidamente, no llegó a colocarse en sus altares y, se ha dicho siempre, que no gustó a Felipe II. Sin duda, el Rey advirtió, en el tono profundamente manierista de la composición, su dificultad para ser entendido como imagen de culto.

En los primeros años toledanos utiliza todavía modelos y proporciones que evocan lo italiano (Retablo de Santo Domingo el Antiguo, Expolio de cristo, en la catedral) pero, paulatinamente, su estilo se va haciendo más irreal y más independiente. El Entierro del conde de Orgaz en 1586 es, quizá, su obra más singular, con la tajante división entre la Tierra, donde los caballeros asisten al prodigio, y el Cielo donde los Santos, Cristo y la Virgen son representados de modo totalmente ideal, con las formas apenas sugeridas y los ropajes enteramente ideales.

En los últimos años de su vida, cuando, en general, se van difundiendo formas más concretas y realistas al servicio de la iglesia, el Greco acentúa sus deformaciones constituyendo uno de los más extremados representantes del manierismo.

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