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Su estilo, aparentemente academicista, le puso enfrente de las corrientes más revolucionarias que estaban surgiendo en la pintura. Si Delacroix era la cabeza visible de la pintura romántica, Ingres siempre fue considerado como el máximo ejemplo del neoclasicismo. A pesar de ello la crítica nunca vio con buenos ojos su tratamiento de la anatomía o sus composiciones, por lo que puede decirse que en Ingres ya se observaba una evolución hacia el romanticismo.
La línea frente al color empastado
La obra pictórica de Jean Auguste Dominique Ingres está compuesta de cinco grandes temas. El más abundante y en el que alcanzó un gran prestigio fue en el retrato.
Su pasión por el dibujo le hacía tomar innumerables bocetos del modelo, que siempre hacía sobre desnudos. Así conseguía un extraordinario dominio de la anatomía. Posteriormente ya se encargaba de vestirlos. De la gran cantidad de retratos que pintó Ingres, merecen mención especial el de la "Princesa de Broglie", los de "Monsieur y Mademoiselle Rivière" o el de "Madame Devauçay".
El desnudo es otro de sus grandes temas. En ellos la corrección anatómica desaparece, con fines meramente estéticos. Ingres deforma el cuerpo para obtener un objeto bello y decorativo. Esta particular utilización de la anatomía humana influyó decisivamente en posteriores pintores, como Picasso. En cuadros como "La gran Odalisca", "La Bañista de Valpinçon" o "El baño turco", se observa una bella anatomía femenina, que se corresponde poco con la realidad humana.
La restauración monárquica francesa y el puritanismo moral que trajo la burguesía hizo renacer el interés por los temas religiosos. Ingres aportó a sus lienzos la admiración que sentía por Rafael e impregnó sus cuadros de características plenamente italianas. Ejemplos de ello son su "Virgen coronada" o "La Virgen de la Adopción"
Sus otros dos grandes temas fueron los históricos y los mitológicos. El pintor francés deseaba ser recordado como un pintor de historia, pero nunca llegó a plasmar la majestuosidad de los grandes clásicos, como su maestro David. También rememoró temas literarios medievales en cuadros como "Paolo y Francesca" o "Rafael y la Fornarina".
La obra de Ingres dejó su poso en las corrientes artísticas siguientes, influyendo de diversas maneras, tanto en forma como en contenido. Los románticos continuaron cultivando los temas trovadorescos que él había anticipado y pintores como Moreau o Chavannes asumieron su estilo lineal y depurado.
La muerte le sorprendió en 1867 en París a los 87 años y puso punto y final a una exitosa carrera artística. En su memoria, la ciudad que le vio nacer, Montuaban, acoge el Museo Ingres, donde puede admirarse la mayor parte de su obra.