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Arte japonés en el siglo XVIII

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El largo shogunato de los Tokugawa (familia que ocupó el poder desde 1603 a 1869), también conocido como el período Edo (ciudad a la que se trasladó la capitalidad, y que acabaría por convertirse en Tokio), supuso, en el terreno del "imperio del sol naciente", la popularización de la pintura. |
MARÍA JOSÉ FRAILE / UNO CONTENIDOS
Durante ese extenso período de tiempo la clase mercantil había tomado las riendas del país y comenzó a exigir una pintura que estuviera a su servicio. Gracias a la difusión del grabado en madera (hanga) y a la divulgación de los rollos por medio de la imprenta se consiguió llegar a la democratización del arte. Se puede decir que, concretamente en el siglo XVIII, se intensificaron los efectos realistas de todo el arte japonés. La gran fisura que se produjo en la trayectoria artística japonesa se marcó a raíz de la creación de la escuela de grabado Ukiyo-e que propició el nacimiento de la pintura de género.
Esta escuela agrupó a pintores de la clase popular y se distinguió por la representación de escenas de género, que a su vez estaban imbuidas de una gran fuerza real, llenas de naturalidad, aunque en todo caso no llegó a los excesos del arte que se desarrollaba en occidente. Los pintores adheridos a esta escuela y al nuevo gusto representativo fueron desdeñados, como era de suponer, por la clase aristocrática (samurai) conservadora de las tradiciones niponas. A pesar de ello, el siglo XVIII se fraguó como el siglo de la pintura japonesa, tanto por su actividad de producción como por la influencia que produjo en el mundo entero.
Una de las modalidades técnico-artísticas que más han destacado de Japón ha sido la cromoxilografía (xilografía en color donde cada uno de los colores exige una plancha diferente). Desde el siglo XVI ya se practicaba la xilografía (grabado en madera, conocido en Japón como hanga) que había sido importada de China. Poco a poco se fue extendiendo la costumbre de pintar los grabados en madera, labor, que por otro lado, era ejecutada por un pintor diferente del grabador. Con el nacimiento de la pintura de género en la escuela Ukiyo-e en la segunda mitad del siglo XVIII, los grabados xilográficos, cuyos temas costumbristas populares se unían a la plástica de simplificada rotundidad, se difundieron en el arte japonés gracias a la densificación iconográfica que ofrecía la técnica del grabado.
La vitalidad de la pintura del periodo Edo
La pintura japonesa del siglo XVIII dio lugar al nacimiento de numerosas escuelas que unían sus lazos estéticos produciendo obras que encajaban con la corriente artística más popular. Esta corriente, representada por la clase comerciante y sencilla, abogó por la expresión de un arte espontáneo y experimental sin necesidad de mantener una dignidad tradicional. Todas las clases sociales, sin distinción, supieron apreciar los verdaderos valores estéticos que existían en las diferentes expresiones artísticas.
- La tradicional escuela de Kano
En la escuela de Kano los pintores siguieron los pasos del arte tradicional, impulsado por el Gobierno de Tokugawa, del que a cambio de su colaboración recibían casa, tierras, honores, etcétera. Su posición dependiente del gobierno fue lo que provocó que su arte estuviera escaso de creatividad, y que por lo general sus obras se desenvolvieran en temas de tipo académico.
- Escuela realista de Maruyama Okio
Esta escuela nació en Kyoto, y su principal representante fue Maruyama Okyo (1733-1795). Aunque en un principio su pintura era muy parecida a la de Kano, poco a poco se dejó influir por el arte occidental, que estaba llegando a Japón a través de pequeños grupos de comerciantes holandeses que se establecieron en Nagasaki. Su arte mezcló las influencias de la pintura a la tinta de China, con el realismo propio de la pintura occidental, que se desarrolla en composiciones vacías.
- La escuela de "Bunjin-ga"
A mediados del período Edo esta escuela se fraguó como una clara reminiscencia del arte chino en Japón. Bunjin-ga significa la clase de pintura que era practicada por algunos nobles que no siendo pintores profesionales empleaban su tiempo en esta afición. Sus obras reflejan la libertad de acción que tenían, y sus composiciones son atrevidas y espontáneas. El máximo representante es Hakuin (1685-1768). Representaba ilustraciones que acompañaban a poemas y posteriormente, sus últimas obras se centraron en la representación de temas budistas. Entre los cuadros más destacados de Hakuin están los retratos realizados a ancianos, de gran fuerza expresiva, acentuada por los gruesos trazos de los perfiles. Otro representante de esta escuela es Sengai (1751-1837), un monje budista Zen. Sus obras se centran en la representación de monjes, y se caracterizan por estar realizadas bajo la mínima expresión artística, llegando de esta manera a la simplificación del arte en sí mismo. Sengai es el máximo exponente del concepto shibui de la estética japonesa, reflejándose en las pinceladas nerviosas, ágiles, y por lo general insinuantes e inacabadas.
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