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Arte japonés en el siglo XVIII

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La escuela Ukiyo-e
Arte japonés

Arte japonés


El arte de la escuela Ukiyo-e despunta por reflejar en sus pinturas una realidad que representa el mundo flotante. La palabra Ukiyo-e significa "pintura del mundo ligero y transitorio". Las obras de los pintores de esta escuela están repletas de escenas populares, donde destacan las diversiones y los placeres. Aunque en un principio Ukiyo-e sólo era realizado por pintores que vivían en Edo, poco a poco se fue estandarizando al arte practicado por los grabadores. La demanda de pinturas de este género fue muy grande ya que atendían a los gustos de los comerciantes, clase social dominante durante el gobierno de Tokugawa. Las obras resultantes, más que destacarse por la autoría de sus pintores, bastante afamados, lo hacían por ser el trabajo de un conjunto de artistas, en el que participaban los pintores, grabadores, y por supuesto, los distribuidores. En su conjunto dieron vida a las obras más importantes del período Edo. El pintor era el encargado de hacer el dibujo y designar los colores que pasaba al grabador, encargado de imprimir en un mismo papel todas las series de cada color diferente del cuadro. La fama que llegaron a tener estos cuadros trascendió la isla, y este verdadero mercado de obras de arte llegó a manos de artistas tan conocidos en occidente como Manet, Degas o Toulouse-Lautrec, grandes admiradores del arte Ukiyo-e.

En un principio la temática se centró en la representación de figuras que apenas resaltaban de los grandes espacios. Con el tiempo, el tratamiento de la figura fue cambiando y, ya durante el período medio Edo, se generalizó la representación de figuras que inundaban por completo la superficie, sin dejar espacio para el paisaje. Por lo general se representaban hermosas mujeres de belleza popular, que hasta esas fechas (s. XVIII) nunca habían sido retratadas en la pintura japonesa. Son mujeres de la calle que muestran gestos sensuales, delicados. Los pintores, en muchas ocasiones, apostaron por el trazo de escenas juguetonas y amorosas. Junto a éstas aparecieron también las pinturas que se centraban en la representación del teatro kabuki, el teatro popular que se enfrentaba al aristocrático Noh. El Ukiyo-e fue la pintura del mundo transitorio y liviano, que ponía el énfasis en todo lo sensual y mundano. No es de extrañar, que junto a los dibujos de las mujeres populares, los artistas se interesen por reproducir el teatro kabuki, el teatro más realista y popular.

Una de las principales características técnicas de la pintura del Ukiyo-e, fue la predilección por el tratamiento de las escenas dentro de mundos de origen abstracto, que se adaptaban y encajaban perfectamente con la tradición japonesa, gustosa de representar sus mejores obras con ricos coloridos y escenas llenas de vitalidad. El colorido brillante encuentra su aliado en el kimono y los trajes típicos japoneses. Las vestiduras son pintadas con un gusto exquisito y con derroche de diseños y de color.

  • Haranobu y la Nishiki-e
    La elaboración y la perfección en la aplicación de los colores a los grabados de madera se alcanzó en este siglo, cuando Suzuki Harunobu (1725-1770) creó la técnica nishiki-e (pintura de brocado). Harunobu sabía dotar a la composición de gran sentido estético que adaptaba sabiamente a sus admirables dibujos. Aumentó el número reducido de temas de la pintura Ukiyo-e, creando un mundo poético e idealizado en el que las figuras nunca quedan aisladas dentro de una atmósfera íntima y tranquila que se penetra de un delicado sentimentalismo. Harunobu revolucionó la pintura Ukiyo-e, y alcanzó una delicadeza de línea y color que aún no se ha podido superar por ningún otro artista.

  • Katsushika Hokusai: El Fuji
    A pesar de que su arte se desarrolló principalmente a comienzos del siglo XIX, la importancia de Hokusai (1760-1849) se comenzó a perfilar a finales del siglo XVIII. Gracias a su nueva concepción artística, el arte de finales del siglo XVIII, dentro de la escuela Ukiyo-e, se vio favorecido por la presencia de Hokusai, quien supo impregnarlo de nuevos aires, gracias a su vasta capacidad creadora y a su concepción artística. El tema principal de sus obras se reduce a las escenas populares y al paisaje, a la vez que despunta como el introductor del paisaje en los grabados en madera. No en vano su obra más conocida son las Treinta y seis vistas del monte Fuji, que se publicaron en el año 1829.

  • Ando Hiroshige
    El estilo de Hiroshige (1797-1858) es más realista y lírico que el de Hokusai. Sus cuadros se centran en la expresión de la naturaleza, en sus distintos cambios y sobre todo en los paisajes de Kyoto. Sus cuadros más famosos son las Cincuenta y tres escenas del camino de Tokaido, que se publicaron en el año 1832. Su pincelada es mucho más sentimental y exquisita, pero por el contrario se advierte que el colorido adquiere menos protagonismo, a pesar de que logra tonalidades bellísimas.

El arte japonés del siglo XVIII centrándose en el grabado, logró reavivar el arte del período Edo, a la vez que logró extender su poética y plástica al resto del mundo occidental, creando verdaderos adeptos a su estilo. A pesar de ello, el declive de esta expresión se empezó a manifestar a finales del siglo XVIII; tan sólo pudo ser superado por la pintura de paisaje de Hokusai. A principios del siglo XIX se empieza a ver la influencia recibida por otras zonas occidentales, en concreto de Holanda, de quienes se toma el estudio de la perspectiva, la luz y la sombra. El grabado japonés todavía despierta gran admiración, y la fama y popularidad que alcanzó ha pervivido hasta nuestros días.