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Arte japonés en el siglo XVIII

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- Escuela realista de Maruyama Okio
Esta escuela nació en Kyoto, y su principal representante fue Maruyama Okyo (1733-1795). Aunque en un principio su pintura era muy parecida a la de Kano, poco a poco se dejó influir por el arte occidental, que estaba llegando a Japón a través de pequeños grupos de comerciantes holandeses que se establecieron en Nagasaki. Su arte mezcló las influencias de la pintura a la tinta de China, con el realismo propio de la pintura occidental, que se desarrolla en composiciones vacías.
- La escuela de "Bunjin-ga"
A mediados del período Edo esta escuela se fraguó como una clara reminiscencia del arte chino en Japón. Bunjin-ga significa la clase de pintura que era practicada por algunos nobles que no siendo pintores profesionales empleaban su tiempo en esta afición. Sus obras reflejan la libertad de acción que tenían, y sus composiciones son atrevidas y espontáneas. El máximo representante es Hakuin (1685-1768). Representaba ilustraciones que acompañaban a poemas y posteriormente, sus últimas obras se centraron en la representación de temas budistas. Entre los cuadros más destacados de Hakuin están los retratos realizados a ancianos, de gran fuerza expresiva, acentuada por los gruesos trazos de los perfiles. Otro representante de esta escuela es Sengai (1751-1837), un monje budista Zen. Sus obras se centran en la representación de monjes, y se caracterizan por estar realizadas bajo la mínima expresión artística, llegando de esta manera a la simplificación del arte en sí mismo. Sengai es el máximo exponente del concepto shibui de la estética japonesa, reflejándose en las pinceladas nerviosas, ágiles, y por lo general insinuantes e inacabadas.
La escuela Ukiyo-e
El arte de la escuela Ukiyo-e despunta por reflejar en sus pinturas una realidad que representa el mundo flotante. La palabra Ukiyo-e significa "pintura del mundo ligero y transitorio". Las obras de los pintores de esta escuela están repletas de escenas populares, donde destacan las diversiones y los placeres. Aunque en un principio Ukiyo-e sólo era realizado por pintores que vivían en Edo, poco a poco se fue estandarizando al arte practicado por los grabadores. La demanda de pinturas de este género fue muy grande ya que atendían a los gustos de los comerciantes, clase social dominante durante el gobierno de Tokugawa. Las obras resultantes, más que destacarse por la autoría de sus pintores, bastante afamados, lo hacían por ser el trabajo de un conjunto de artistas, en el que participaban los pintores, grabadores, y por supuesto, los distribuidores. En su conjunto dieron vida a las obras más importantes del período Edo. El pintor era el encargado de hacer el dibujo y designar los colores que pasaba al grabador, encargado de imprimir en un mismo papel todas las series de cada color diferente del cuadro. La fama que llegaron a tener estos cuadros trascendió la isla, y este verdadero mercado de obras de arte llegó a manos de artistas tan conocidos en occidente como Manet, Degas o Toulouse-Lautrec, grandes admiradores del arte Ukiyo-e.
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