Yo no tendría más de cinco años y cuando pienso en ello, y en el hecho de que mi niñez siempre estuvo asociada al miedo: miedo a la oscuridad, miedo a las puertas entreabiertas, miedo a los armarios y en general a todo lo que pudiera ocultar a alguien o "algo", no deja de sorprenderme que me haya especializado en escribir y dirigir películas de misterio, además de ser un ávido seguidor de este género.
¿Por qué nos gustan las películas de miedo? ¿Por qué nos gusta, y hasta nos apasiona, pasarlo mal en el cine? Creo que esa cortina infranqueable que sitúa al espectador, más que nunca en este caso, al otro lado de la sala, convierte el escalofrío de terror en una sensación tan poco placentera como reconfortante, y, desde luego, en una de las más intensas.
Para un creador resulta peligrosamente fácil cruzar el umbral del escalofrío y, con sangre y efectos especiales, convertirlo en náusea. Mostrar es sencillo, a veces (casi siempre) tan sólo depende del presupuesto, pero el efecto es mucho más superficial que lo sugerido, o incluso omitido. Para mí, dejar un espacio a la imaginación es la esencia de las ansiedades, obsesiones o incluso paranoias latentes en nuestra conciencia colectiva. Despertarlas hará volver al espectador a los rincones más oscuros de su infancia... a aquel escalofrío.
Considero que muchas de las historias de terror tienden a hacer una lectura moral de contenido religioso, casi siempre en relación al pecado: el individuo contra natura osa traspasar el umbral de lo divino, la casa endemoniada que sólo purga su maleficio cuando estalla en mil pedazos; en general, estereotipos del Bien contra el Mal.
En "Los otros" intento que el planteamiento sea precisamente el opuesto. He buscado la mayor simplicidad posible en cuanto a la trama y golpes de efecto (incluidos los efectos especiales) en contraste con la complejidad de los personajes. No hay buenos ni malos. Por encima de todo hay seres humanos intentando encontrar un sentido a su condición, o a su situación.
Esta película, ubicada en una casa de oscuros y largos pasillos, es mi homenaje a aquella entidad jamás desenmascarada que acechaba los corredores de mis sueños.