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El arte en sus manos

Son los intermediarios entre el artista y el comprador de objetos de arte. Por sus manos pasan las mejores, pinturas, esculturas y demás piezas artísticas. En un mundo en el que todo está mercantilizado - incluido el arte- los marchantes juegan un papel fundamental en el universo artístico, pero también en la lucha contra el expolio y el comercio ilegal de obras de arte.

LAURA LÓPEZ / UNO CONTENIDOS
Las obras de arte pueden poseer encanto y carisma, pero en el mercado son unos artículos de consumo como los demás. Se compran y se venden, se especula con ellas y su valor fluctúa en los mercados especializados. Como en las operaciones bursátiles, el valor de una obra de arte se determina en la actualidad por las leyes de la oferta y la demanda.

En la actualidad casi todo el arte que se compra y se vende pasa por las manos de los marchantes, una profesión que está considerada como una de las primeras del mundo. Si hacemos un repaso de la historia, las crónicas demuestran que ya había un activo tráfico de obras de arte en Sumeria hace 5.000 años y que en la Roma Imperial había marchantes de arte y se llevaban a cabo subastas con regularidad. Durante algunos periodos, la mayor parte del arte se producía, a precio establecido, directamente para un mecenas, pero incluso entonces las obras de arte pasaban de una mano a otra por intermedio de los marchantes y de las subastas.

En nuestros tiempos, la práctica totalidad del arte pasa por estos intermediarios. Por lo general, las subastas se hacen bajo el patrocinio de museos, de coleccionistas privados muy ricos o de marchantes que compran para sí o para clientes que les pagan comisión. Los coleccionistas privados más modestos suelen comprar directamente a un marchante que, a diferencia de las casas subastadoras, suelen ser de fiar en cuanto a la autenticidad de los artículos con que comercian. La casa de subastas obtiene sus beneficios de la comisión, por lo general un 10 % del precio pagado, que cobra tanto al vendedor como al comprador, mientras que el marchante carga un porcentaje mucho mayor. Los beneficios son importantes, pero también lo son los gastos. Es preciso mantener locales en zonas caras de las ciudades, emplear a personal experto, distribuir costosos catálogos y otras formas de publicidad.

El negocio del arte
Con algunas excepciones notables, de las que las más evidentes son las obras contemporáneas, el arte se ha consolidado como una inversión sólida y a menudo espectacular, superando al mercado de acciones y sirviendo de refugio contra la inflación. Esto explica por que muchos pequeños coleccionistas recurren al consejo de marchantes de arte y aseguran su capital invirtiéndolo en cuadros, muebles y porcelanas.

Aunque el comercio del arte es sumamente antiguo, sólo empezó a asumir sus características modernas en el siglo XIX, cuando se estableció la idea del arte como inversión y también la creencia de que el valor de un objeto aumenta con su antigüedad. Al mismo tiempo, la profesión del marchante de arte se vio fortalecida por una nueva clase de coleccionistas: los industriales y empresarios que, con abundancia de dinero recién obtenido, pero sin excesivos conocimientos artísticos deseaban ver su condición social reflejado en sus posesiones.

Sin embargo, el pequeño coleccionista tiene cada vez más dificultades para moverse en este mercado. Como el Estado ha asumido gran parte de la responsabilidad del mecenazgo cultural, en la actualidad los museos compran la mayor parte de las obras de arte importantes. Puesto que la mayoría de los museos tienen presupuestos abultados y como casi todos compran, pero no venden, su presencia en el mercado del arte ha tendido a hacer subir los precios. Cuanto mayores son los depósitos de un museo, tanto menor es el numero de obras que sigue en circulación. En la actualidad, Londres es el centro del trafico artístico mundial, negocio que ha resultado más próspero que casi ningún otro en los últimos años.

La lucha contra el fraude
Como expertos en tasaciones y certificaciones de autenticidad de obras de arte, los marchantes juegan un papel esencial en la lucha contra el expolio y el fraude en la compraventa de objetos artísticos.

Poner fin al tráfico ilegal de bienes culturales requiere que la gente tome conciencia de lo que sucede y aprenda a tratar el problema. Para ello, la UNESCO concede gran importancia a la formación práctica de las personas afectadas, como los marchantes y compradores de arte, pero también los policías y los aduaneros. Con ese fin ha organizado 10 talleres en países de África, Asia, Europa del Este y América Latina muy afectados por el tráfico de bienes culturales y ha coorganizado otros tres con otros organismos especializados, como el Consejo Internacional de Museos (ICOM) y la Interpol. También ha publicado un manual para la aplicación de la Convención de 1970 sobre el tráfico ilícito de obras de arte. Esa obra presenta los principales problemas que plantea ese tráfico y ofrece ejemplos de material de formación, así como una lista de los textos más útiles en este ámbito.
 

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