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Goya y Picasso
Pocos artistas han sido capaces de reflejar y transmitir en sus cuadros la fuerza y la emoción de la tauromaquia. Entre estos artistas hay que destacar a Goya y a Picasso que, aunque en un primer momento pueda parecer que no tienen nada en común, comparten esa sugestión por lo brutal y lo sanguinario. Para ellos, pintar sobre el mundo de la tauromaquia fue un pretexto para ejercer una mirada feroz sobre la realidad. La gran abundancia de escenas de pica y de cogidas del torero en el legado pictórico de Picasso constata la atracción del artista por la violencia de este arte. En los trabajos del pintor malagueño sobre este tema, la referencia a la Tauromaquia de Goya es inevitable y se convierte en el hilo conductor de la obra de Picasso.
Tauromaquia y sexualidad
Muchas de las obras de Picasso en las que aparece la figura del toro o el torero suponen una representación metafórica del acto sexual. Por ello, son muy abundantes las figuras femeninas a lomos del animal en las que se entremezclan escenas de la cogida del torero por el toro y que recuerdan al mito del rapto de la bella Europa por la bestia.
Esta simbiosis entre el mito clásico del rapto y la cogida del torero se puede apreciar en dos obras de Picasso realizadas en 1933; en estos lienzos la mujer es llevada a lomos de toro sin ninguna herida aparente y las figuras del torero herido, la mujer raptada y el caballo se funden y entrelazan hasta parecer un solo motivo. Estas dos obras son "Corrida: La muerte de la mujer torero" y "Corrida: La muerte del torero".
Otro ejemplo claro de la gran carga sexual de las obras taurinas de Picasso es la figura del caballo, que aparece siempre como un animal blanco y esbelto; mientras que el toro es invariablemente oscuro. Además, el caballo aparece desnudo, sin arneses ni peto protector para defenderse de la embestida del toro.
Para poder comprender la sexualidad de sus cuadros taurinos es imprescindible retomar la figura de su amante Marie-Thérèse. Picasso y Marie-Thérèse se conocieron en 1927 y, a partir de ese encuentro, el pintor no dudará en alejarse de su mujer y su hijo para dedicarse a este nuevo amor. La figura de su amante se convertirá en esta etapa en un elemento prácticamente fijo en todos los cuadros de Picasso, sobre todo a partir de 1935, momento en que se queda embarazada del pintor.
Por ello, Marie-Thérèse es la mujer que se sucede en la mayoría de cuadros taurinos de Picasso; es la mujer raptada que viaja a lomos del toro, la mujer-torero muerta, la mujer devorada por el Minotauro… Por su parte, Pablo Picasso elige para desdoblar su personalidad la figura del toro o, sobre todo, la del Minotauro.
Esta serie de la Tauromaquia es probablemente la más popular de las obras realizadas por Pablo Picasso y en ella se muestran con gran belleza y dinamismo los diversos momentos de la lidia.