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Artistas del XXI: por un reciclaje divertido

¿Cuál es la barrera entre la belleza y la creación? ¿Están íntimamente unidas estas dos coordenadas o no es necesario que lo creado por el ser humano, a veces artista, esté bajo los parámetros de lo bello? ¿O es que el hombre modifica el concepto de belleza según la evolución humana en que se encuentre?

NATALIA JIMÉNEZ / UNO CONTENIDOS
Arte

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El arte ya no es lo que parecía ser en el Renacimiento: leyes que configuraban la perspectiva, normas que englobaban una estética humanista, paradigmas que aglutinaban principios estéticos... El hombre crea su propia belleza y no al contrario. En este siglo XXI, la belleza no está supeditada al artista, sino que baja a niveles más humanos y se convierte en una más al servicio del público. Son muchas las ferias y exposiciones que corroboran que el nuevo Renacimiento consiste en una experimentación más que en una ciencia hermética. ¿Quién no asiste a una galería y se sorprende al ver que hoy es arte lo que antes era un juguete?

En este punto nos encontramos con una polémica que poco a poco va haciendo pasar por el aro al más incrédulo. La perfección era la definición más parecida a arte. Hoy ya no es necesario que nada aporte nada, ni se sitúe en una realidad superior. El arte es ahora sorpresa, interrogación y más que nunca imperfección.

La misma filosofía de las exposiciones ha variado. Sin ir más lejos, la cada vez más segura en el mercado ARCO, no es sólo una feria al uso. Es un encuentro abierto. Si antes el arte era territorio de entendidos, bohemios y locos, ahora es el espacio donde entran estudiantes, juristas, empresarios y algún que otro bohemio. Se trata de la apertura de unas barreras antes acotadas y esto ya en sí mismo habla de unas obras concedidas como objeto más que como creación.

¿Qué diferencia al objeto de la obra? A simple vista parece que es tan sólo un nombre que designa, pero la realidad que contiene es bien distinta. El objeto es creado para un tiempo y para una apariencia; para formar parte de la vida de otras personas y para abrir el interrogante de la utilidad. Se puede decir, por tanto, que lo creado en el siglo XXI es un arte utilitario no porque implique uso, sino porque está vinculado a un uso.

De aquí la proliferación de composiciones que muestran un mundo clonado o un gen multiplicado en colores a modo de juego infantil. Pero los ejemplos son enormes, siempre relacionados con la realidad social del momento.

De la Gioconda a los pixel
Se puede decir que el arte sigue como en sus viejos tiempos ligado al factor social. Se hace en él y por él. Pero ¿se muestra crítico o burlón? El arte del arte radica en ese juego de la paradoja, en el cual nunca se sabe si está a favor o en contra de algo. Si en estos años la ciencia ha invadido el mundo de información, los artistas se sitúan en paralelo y crean obras en consonancia a los avances y descubrimientos. Pero ¿qué postura adopta? Quizás sea un mero observador, aunque parece que cierta mirada cínica no les falta.

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