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Artistas del XXI: por un reciclaje divertido

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Si la musa por excelencia del siglo XVI era la Gioconda, la del XXI es posiblemente una mosca, un mono, un contenedor de basura o una pantalla vieja de ordenador. Inverosímil, pero cierto. ¿Qué pretenden decirnos los artistas de nuestra era?

La estética es variable. Lo que en una época era inspiración hoy es experimentación pero, al final, todo parece conducir al principio de posibilidad frente a la monotonía. La trasgresión es un factor intrínseco al arte. En siglos pasados los autores que hoy conocemos también se adelantaron a su tiempo. Rompieron esquemas e implantaron normas estéticas que eran imposibles. Hoy ya están asimiladas, por lo que hay que prever que lo que los artistas contemporáneos "fabrican" es también un paso adelante para los ojos milimétricos de un espectador acomodado.

Lo que no ha cambiado es el espíritu del artista: siempre niño, experimentando con formas y juegos y provocando en el mayor la sorpresa. Ahora esta esencia infantilmente madura está llegando a sus cotas más altas y se agrupan formando una fuerza única que los hace avanzar con una mayor ligereza que en otros siglos.

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Hoy en día no hay quien dude que los que conforman las galerías son artistas consolidados, porque cada vez más el término artista aglutina a esos buscadores que se sirven de todo material para crear o transformar. Y cada vez son más los que apoyan que hacer arte es más lo segundo que lo primero. Si antes nos maravillábamos con la idea de creación -sacar de la nada algo bello o por lo menos existente-, ahora la transformación es el eslogan que enmarca a los autores modernos. Viene a ratificar la comprensión humana acerca de las leyes energéticas de la vida: la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Y a pies juntillas nuestros autores se ciñen para configurar sus obras.

De esta manera surgen ferias en donde todo parece responder a un mercado informático o un supermercado de todo a 1 euro. Y esto ya no está mal considerado. Son muchas las empresas o instituciones públicas que apoyan esta creación. ARCO es un buen ejemplo de lo que se ha dado en llamar el Net-art (o arte a través de la red). Medios de comunicación han vibrado con los espectáculos y montajes que los jóvenes autores participantes de esta consolidada feria han expuesto.

Y es que cada vez más todas las ciencias, disciplinas y saberes confluyen en un mismo punto. Ninguna existe por sí sola. Todas se hacen partícipes de todas y se apoyan para avanzar. Hasta el público es más que nunca un espectador-creador.

Recordar únicamente la obra presentada en una edición de ARCO por el japonés Hiroyuki Matsukage: Star 2000. Fue el gran éxito de la feria y consistía en una prueba de realidad virtual a gran escala. Un visitante se situaba frente al montaje de una pantalla a gran tamaño y en ella se veía a cierta masa humana que respondía como si de un concierto de rock se tratara.

Nos encontramos ante la prueba más certera de un arte que imita la realidad para conocerla. Quizás sea éste el motivo de ser del mismo, por lo que cualquier forma que adopte será óptima si al final logra su objetivo: descubrir la estética de una realidad humana perfectamente imperfecta.