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El continente helado

El hielo de la Antártida esconde pistas sobre el origen del planeta. Las gigantescas dimensiones del hielo antártico se deben, por una parte, a su posición en latitudes muy meridionales, donde el límite de las nieves perpetuas se sitúa a nivel del mar y, por otra, al gradiente térmico producido por la altura.

NURIA LÓPEZ / UNO CONTENIDOS
Antártida
El manto helado que cubre este continente rebasa con creces la superficie de la Unión Europea.
Sobre la Antártida descansa la más vasta de las masas de hielo de la Tierra: en ella se reúne el 91% de los hielos del planeta. El manto helado que cubre este continente rebasa con creces la superficie de la Unión Europea.

Las gigantescas dimensiones del hielo antártico se deben, por una parte, a su posición en latitudes muy meridionales, donde el límite de las nieves perpetuas se sitúa a nivel del mar y, por otra, al gradiente térmico producido por la altura. Además del hielo, otra constante son los vientos que azotan la Antártida, generando fuertes ventiscas de nieve. La Antártida se caracteriza, por tanto, por un clima extremadamente frío, seco, ventoso y de escasas precipitaciones, con lo que el verano queda excluido. La temperatura mínima registrada fue de -89.3 grados centígrados.

Lo más impresionante de la Antártida son los fenómenos ópticos que se producen como consecuencia de la limpieza y la pureza de la atmósfera. Los factores ópticos más conocidos son los espejismos, en los cuales se ven las imágenes invertidas. Pero encontramos también otros fenómenos como la "aurora astral", que es un fenómeno luminoso que se produce por encima de los 100 kilómetros de altura en la atmósfera. El origen de este efecto es eléctrico y está relacionado con la actividad solar. Otros fenómenos que se producen son el llamado "blanqueo", durante el cual no hay sombras, o el "cielo de agua", que indica cuándo hay agua libre en el mar helado.

Pero la Antártida alberga, para muchos científicos, micro-meteoritos que constituyen el secreto del origen de la vida en la Tierra y el origen del Sistema Solar. Además, el continente helado es el único lugar del planeta donde estas partículas extraterrestres se mantienen en perfecto estado desde hace 4.000 años.

Meteoros en la Antártida
A medida que la Tierra avanza en torno al Sol, va recogiendo polvo que vaga por el espacio. Estas partículas se posan en cualquier lugar del planeta, por lo que no es fácil encontrarlas. Las que caen al mar se hunden para siempre y las que se posan sobre el hielo antártico se mezclan con la tierra y resulta imposible diferenciarlas. El físico francés Mitchel Maurette y su equipo se dedican a recolectar estas partículas extraterrestres en la Antártida. El continente antártico actúa a modo de frigorífico, con lo que los granos del polvo se conservan intactos, congelados, distinguibles durante mucho tiempo y sin apenas contaminación.

Los mejores ejemplares de grano se suelen encontrar en las bolsas de agua líquida que, con frecuencia, se encuentran bajo el hielo. La exhaustiva investigación de este equipo ha dado unos frutos espectaculares, ya que se han encontrado 100.000 micro-meteoritos, que ha sido ordenados y clasificados y que se almacenan en el Centro de Espectrometría Nuclear y Espectrometría de Masas, en Francia.

Cada grano de arena es sometido a un minucioso análisis con el fin de determinar cómo era la materia en los albores del Sistema Solar. Las partículas contienen diversas mezclas de óxidos, de aluminio, de calcio y de titanio, que suelen formarse a temperaturas superiores a 2.000 grados centígrados, lo cual da una idea de las condiciones en las que se formó el Sistema Solar. Además, estos granos albergan muestras de los elementos necesarios para la formación de moléculas orgánicas, como carbono, hidrógeno, nitrógeno, fósforo y azufre. Además, Maurette se muestra partidario de la hipótesis de que la formación de la Tierra tuvo un origen extraterrestre.