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El enigma del calamar gigante

Hace un tiempo un pesquero gallego capturó frente a la costa de Gijón, 34 millas mar adentro, un ejemplar de calamar de 6,10 metros de longitud (aunque se calcula que podría llegar a los 8 porque no tenía los tentáculos completos) y 148 kilos de peso.

JAUME MONTOLIO / MUJERACTUAL
Se trataba de un calamar gigante, "Architeuthis" para la ciencia, el monstruo marino que inspiró a Julio Verne para crear la terrorífica criatura que atacaba al Nautilus en "Veinte mil leguas de viaje submarino". Esta especie supone uno de los enigmas animales que más fascinación produce desde hace siglos y del que se sabe casi tan poco como en el siglo XVIII, en el que Erik Pontoppidan, arzobispo de Bergen, lo recoge en su Historia natural de Noruega.

La mayor parte de los Architeuthis encontrados en el mundo han aparecido muertos o moribundos, flotando o varados en las costas, y en muchos casos en avanzado estado de descomposición. Los mayores ejemplares fueron hallados en aguas cercanas a Nueva Zelanda, Australia, Namibia y Estados Unidos.

Lo que se sabe de la especie
Algunos de los ejemplares más grandes han superado los 17 metros de longitud y los 800 kilos de peso, y es muy probable que existan ejemplares de mayor tamaño. Se cree que es el animal con la tasa de crecimiento más rápida del mundo, ya que nace completamente formado, pero midiendo sólo dos centímetros; si un adulto alcanza los 18 metros, esto supone que crece casi un centímetro por día.

Calamar giganteHasta lo que se sabe, es el invertebrado de mayor tamaño. Se alimenta de otros cefalópodos y de peces, lo que se ha averiguado del análisis de su estómago. Sus ojos pueden llegar a alcanzar el tamaño de la cabeza de una persona y cuenta con un cerebro muy desarrollado, con capacidades de relación y aprendizaje. Su metabolismo no se basa en quemar grasas, como el común de los animales, sino proteínas: es como si nosotros quemáramos nuestros músculos para seguir subsistiendo; este funcionamiento carga su cuerpo de amoníaco, lo que le resulta muy útil en su mecanismo de flotación y lo convierte en un animal tóxico. Su bolsa de tinta es desproporcionadamente pequeña respecto el resto del cuerpo. Se reproduce una sola vez y luego muere. Como otros cefalópodos tiene tres corazones: uno real, que impulsa la sangre, y dos branquiales.

Se cree que vive a profundidades entre 300 y 1.500 metros, lo que dificulta enormemente su observación. Tanto que ni siquiera el gran proyecto del Instituto Smithsonian de Washington y de National Geographic para grabarlos vivos dio ningún resultado: entre 1996 y 1999 se invirtieron cinco millones de dólares en perseguirlos por las Islas Azores y Nueva Zelanda.