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El cambio climático es observable
El proceso de calentamiento global es observable a simple vista. Los glaciares en Europa (especialmente los alpinos) y en todo el mundo se reducen de forma evidente. Zonas donde existían nieves perpetuas se están reduciendo de forma considerable e incluso algunas desaparecen. Las nieves del Kilimanjaro, la mayor cota de África, se están derritiendo; igual sucede con las cumbres de Suramérica y Centroamérica. Los casquetes polares se derriten aún a mayor velocidad, el límite de la zona de hielos se retira hacia el norte y muchas comunidades nativas ven como sus zonas de caza e incluso su hábitat se tienen que desplazar en busca de la caza.
El fenómeno de la desertización se agudiza y esto es algo muy observable en toda la zona sur de Europa y en el Norte de África. Los fenómenos atmosféricos, grandes tormentas, tornados, las olas de calor, corrimientos de tierras e inundaciones son cada vez más frecuentes y de carácter más extremo. Todo ello, observable con sólo revisar los diarios de los últimos veinte años, no es más que un efecto del cambio climático.
¿Y el futuro?
Los efectos negativos para los próximos años ya son inevitables. Una acción rápida y coordinada de todos los países puede minimizar sus efectos y paliarlos definitivamente en un plazo de 20 o 30 años. Sin embargo, los expertos afirman que los próximos años los perjuicios se harán evidentes.
Los mayores riesgos serán para los países del Sur ya que sus recursos son menores. En ellos, las grandes tormentas serán mucho más graves y se alternarán con períodos de sequía y un aceleramiento de los procesos de desertización. La producción agraria quedará muy resentida, su economía se empobrecerá, y las condiciones sanitarias de la población se deteriorarán.
El incremento de las temperaturas medias producirá modificaciones en las grandes corrientes marinas que a su vez radicalizarán los cambios en el clima. La desaparición de grandes zonas de hielo perpetuos producirá la elevación del nivel del mar y grandes zonas costeras quedarán permanentemente inundadas. Es más, arrecifes de coral, algunas islas, grandes zonas de manglares, quedarán sumergidas definitivamente.
En los países del norte, la gravedad del cambio será menor. La temperatura se elevará y zonas frías se volverán templadas, con una mejora directa en las posibilidades de la agricultura y una reducción en los costes de calefacción. Sin embargo, el empeoramiento global de los países del área Sur les afectará en recursos económicos y en aprovisionamiento de materia prima, así como en una creciente problemática con los movimientos migratorios.
La solución existe
Para Greenpeace, otras organizaciones ecologistas y para la comunidad científica, la solución existe y es posible, ahora bien, necesita de una acción global, unitaria y participada por todos los países del planeta, especialmente los más ricos. Además ha de ser una acción rápida. En primer lugar el Protocolo de Kioto debe de ser suscrito y aplicado por todos los países de forma inmediata. No obstante, tal como afirma Greenpeace, el Protocolo de Kioto se ha quedado antiguo e insuficiente y, según la opinión compartida por los informes del IPCC, las medidas han de ser más radicales pues la única medida realmente efectiva es la reducción masiva de la emisión de gases de efecto invernadero en la atmósfera. El tiempo se acaba.