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Predecir el clima

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Anemómetro
La tecnología al servicio de la meteorología.
La meteorología es una ciencia que puede resultar revolucionaria para el bienestar de la humanidad. En agricultura, por ejemplo, mediante cálculos adecuados de temperatura, presiones, humedad y demás, se puede predecir con exactitud el tipo de cultivo más conveniente para una zona determinada. La elaboración de mapas pesqueros realizados tras complicadas operaciones de datos y baremos, pueden precisar los lugares donde se encuentran los bancos de pesca. Estos mapas son realizados en España por el Instituto Nacional de Meteorología (INM) y los pescadores no tienen más que echar las redes en los caladeros indicados por los mapas.

Un sistema de información meteorológica diseñado por la empresa española ISEL (Ingeniería de Sistemas Electrónicos), en colaboración con el Ingeniering Center de la Universidad de Wiscosin, permite conocer en cada momento la situación climática en cualquier parte del mundo. Este programa, denominado PC-MCIDAS, trabaja con datos convencionales y con imágenes procedentes de satélites meteorológicos. El usuario sólo necesita disponer de un ordenador personal al que se le aplica el programa para integrarse en un sistema interactivo de información meteorológica, conectándose a un ordenador central situado en el organismo que disponga de la información meteorológica y siempre que esta institución lo permita. El sistema, nuevo en Europa y que representa el futuro meteorológico, está siendo experimentado actualmente por el Instituto Nacional de Meteorología, único organismo español que recibe directamente los datos del satélite meteorológico europeo Meteosat y de los norteamericanos Geos y Tiros.

Cambiar el rumbo de la historia
Es difícil encontrar una actividad humana de la que se pueda afirmar que esté totalmente libre de las influencias de acontecimientos meteorológicos, como olas de frío y de calor, sequías, inundaciones, huracanes, temporales, borrascas. Hoy más que nunca influyen en el quehacer diario del hombre.

Pero si volvemos la vista al pasado se detectan multitud de hechos históricos transcendentales en los que el tiempo atmosférico ha jugado un papel determinante que cambió el rumbo de la historia.

El verano de 1588 se caracterizó por profundas borrascas que excedieron con mucho a la mayoría de los temporales de nuestro tiempo. Fue el verano en el que Felipe II, rey de España, lanzó la Armada Invencible contra Inglaterra: tenía como objetivo la invasión y ocupación del país. Según el meteorólogo británico H.H. Lamb "la reconstrucción de las situaciones meteorológica de aquel verano muestra la gran velocidad con que se trasladan los centros depresionarios, correspondiendo a vientos de la corriente en chorro que alcanzaban o sobrepasaban el límite de las máximas velocidades deducidas de la experiencia moderna. Eso ocurrió durante la Pequeña Edad Glacial, cuando la temperatura de la superficie del Atlántico norte era 5º inferior a la normal de hoy. En consecuencia, en aquella región del océano se desarrollaron tremendos temporales como los que dieron al traste con la Armada Invencible". De no haber sido así, es difícil establecer cómo se habría desarrollado el curso de la historia europea. Es seguro que habría sido muy distinto del que siguió.

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