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Investigadores del espacio

España. Islas Canarias. Isla de La Palma, a 2.426 metros de altitud, en la cumbre de El Roque de los Muchachos. Aquí está instalado el observatorio Norte Europeo, uno de los dos observatorios del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y uno de los 3 más importantes del mundo para la observar el universo.

JAUME MONTOLIO / MUJERACTUAL
Instituto de Astrofísica de Canarias

Telescopio óptico nocturno IAC-80

Las instalaciones
El observatorio Norte Europeo es el centro de astrofísica más importante de España y el primero del hemisferio norte. Cuenta en sus instalaciones con más de una treintena de instituciones de 12 países europeos y realiza una investigación puntera. Aquí se buscan cada noche que el tiempo lo permite agujeros negros, enanas marrones, estrellas caníbales,... Los observatorios están instalados por encima de la inversión térmica de los vientos alisios, el famoso "mar de nubes", y los telescopios de mantienen en una atmósfera limpia, seca y estable. Por otra parte, la situación de Canarias, con una latitud cercana al Ecuador, permite ver todo el hemisferio norte y buena parte del hemisferio sur, al tiempo que permanece alejado de las tormentas tropicales.

La mayoría de los telescopios internacionales del observatorio son solares. Hay torres cuadradas y cúpulas convencionales, pero también laboratorios y otras instalaciones como la del experimento Cosmosomas, que exhibe dos enormes discos plateados en continua rotación que suministran datos sobre el fondo cósmico del microondas. Actualmente se está construyendo el Gran Telescopio de Canarias (GTC ó Grantecan), el gran telescopio español de 10 metros de diámetro, que se espera esté operativo en el 2002 y que será el mayor y de más avanzada tecnología de los existentes en el mundo. En él se invertirán unos 14.000 millones de pesetas y supondrá el lanzamiento definitivo a escala mundial del observatorio, listo para rivalizar con Hawai y con el Observatorio Europeo Astral del Hemisferio Sur (ESO) en Chile.

La observación del Cosmos
Los astrofísicos son los astrónomos modernos. Cuando miran al cielo lo hacen como cualquiera de nosotros. Para hacer su trabajo apenas lo miran. Sus ojos se dirigen a las pantallas de sus ordenadores conectados a esos fantásticos instrumentos que son los actuales telescopios. La luz viaja por el espacio a 300.000 kilómetros por segundo, por lo que tarda un segundo en llegarnos desde la Luna, ocho minutos desde el Sol y cuatro años desde la estrella más cercana. Por eso los grandes telescopios terrestres de 10 metros, como los Keck de Hawai y el español Grantecan, o el telescopio espacial Hubble, pueden recoger la luz que ha viajado miles de millones de años a través del tiempo y del espacio. Ello permite la observación de agujeros negros, enanas marrones, planetas extrasolares o multitud de galaxias ocultas. Cada equipo de trabajo realiza sus investigaciones y experimentos independientemente de los otros.

El experimento Cosmosomas pretende detectar las semillas, formadas hace unos 15.000 millones de años, de la generación del universo a gran escala: los cosmosomas, nombre acuñado por el IAC y que es un juego de palabras entre cosmos y los cromosomas portadores de la información genética de los seres vivos.

Los planetas extrasolares se descubrieron en 1995. Existen astros que no orbitan alrededor del Sol y hay posibles planetas alrededor de otras estrellas. Un equipo de investigadores ha presentado a la comunidad científica unos veinte candidatos a planetas extrasolares. Creen que casi todos se van a confirmar y, de tres de ellos se sabe la distancia y la edad, así como que todos flotan en el cúmulo de Orión.

Otro equipo se dedica al estudio del Sol, del que todavía quedan muchas cosas por conocer. Se sabe el tamaño y la masa del Sol, y también, aproximadamente, la cantidad que nos llega de su luz, pero no se conoce, por ejemplo, el origen y funcionamiento de las pequeñas variaciones en su luminosidad. Las emisiones de masa repentina del Sol son fenómenos que alteran el campo magnético interestelar y causan perturbaciones en los sistemas de satélites, telefonía y seguridad, por lo que es importante poder predecirlos.

Otro estudio en marcha es el de la "candela estándar", un fenómeno que se usa para medir con mayor precisión grandes distancias en el cosmos. Un método que proporciona un valor más fiable de la edad del universo y que podrá aportar información sobre si la expansión del universo está en aceleración.

También se está buscando la prueba geológica de un agujero negro. Se sabe que en la Vía Láctea hay de 1.000 a 3.000 agujeros negros (entre sus 100.000 millones de estrellas) y que esos enormes sumideros de materia, con masas entre 4 y 15 veces la del Sol no emiten radiación alguna. Saben que los de poca masa se han formado a partir de la explosión de supernovas -estrellas más masivas que el Sol que han explotado-, pero ignoran como se han podido formar los que se encuentran en el centro de las galaxias.

Y así podríamos seguir con múltiples investigaciones a cuál más apasionante. Y con el futuro: se habla ya de telescopios gigantes de 50 a 100 metros, de telescopios espaciales que podrían situarse en Marte o en la Luna o del sustituto del Hubble. ¿Es un futuro tan próximo que veremos o, de momento, es sólo ciencia-ficción?