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Los límites éticos de la ciencia

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Tanto es así, que numerosos países europeos, entre los que está incluido España, tienen prohibida en su legislación la práctica de la clonación humana. El problema de la prohibición ha sido de más difícil solución en Estados Unidos. Allí, la jerarquía de valores constitucionales es esencialmente distinta a la europea, ya que prima la libertad por encima de otros derechos humanos. Por tanto, para poder prohibir determinada actividad debe probarse previamente que ésta es nociva para el conjunto de los ciudadanos, o para algunos de ellos.

El primer problema que surge a la vista es el daño que se puede infligir al niño clonado. Hay que distinguir entre que venga un hijo al mundo y que ese niño sea fabricado. Del mismo modo que una familia tuvo un hijo más para obtener médula ósea para un transplante para su otro hijo con leucemia, parece coherente que, siguiendo esta dinámica, se plantee la clonación como un procedimiento para disponer de órganos de repuesto destinados a transplantes.

Cambios
La novedad genera angustias. Hoy hay mucho temor frente al Proyecto Genoma Humano, porque está comenzando a demostrar que el ser depende de sus genes y que puede haber nuevos dioses que determinen ese ser. En ese contexto, los biólogos aparecen bien como benefactores de la Humanidad, bien como aprendices de brujos.

Pero junto a la angustia está la esperanza. La Declaración 12 de la Conferencia de Premios Nobel realizada en el Palacio del Elíseo de París, en 1988, proclamaba que "debe darse impulso a la biología molecular, que gracias a sus progresos recientes permite albergar la esperanza de que la medicina dé pasos importantes hacia delante y logre desvelar la dimensión genética de determinadas enfermedades, contribuyendo así a preverlas y, tal vez, a curarlas".

Junto a las novedades han aparecido nuevos conceptos que habría que explicar. La biociencia, hasta la segunda mitad del siglo XIX, consistió sólo en la observación de seres vivos. Observaba, describía, anotaba, clasificaba seres vivos. Cuando Leclerc demostró que las especies vivas no son inmutables, y cuando Mendel descubrió en 1865 las leyes que rigen la transmisión de los caracteres hereditarios, se pasó de esa pura observación estética a la genética, que es la parte de la biología que trata de la herencia y de lo relacionado con ella.

En ese momento se empezaron a comprender las leyes fundamentales de la herencia. Y de esto se pasó a la biotecnología, que es una forma de intervención sobre los seres vivos. La ingeniería genética abarca las técnicas de manipulación del genoma.

Ahí es cuando toma importancia la bioética. Ésta presenta, respecto de la actividad de quienes desarrollan la biología, algunas características singulares. En general, las profesiones tienen su deontología o reglas de actuación profesional. En el ámbito de la bioética, se sale de la órbita estrictamente profesional para entrar de lleno en el área de las consecuencias que puede tener esa actuación para la sociedad. Para algunos expertos, estas consecuencias pueden poner en riesgo la propia subsistencia de los seres vivos, incluidos los humanos.

Regla ética
La idea central es la protección de las especies y, sobre todo, el respeto hacia el ser humano. Esto se ve claro en el llamado Código de Nuremberg de 1947 de la Asociación Médica Mundial, que se dictó sobre los millones de cadáveres que había dejado el nazismo. "El hombre no puede ser un objeto para la ciencia". Probablemente, ésta sea la regla ética básica para poder seguir desarrollando las técnicas que conciernen al tema de la manipulación genética y la clonación.