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Estrellas fugaces... ¡hay que pedir un deseo!

Cualquier noche, en un lugar alejado de la contaminación de la ciudad, podemos ver objetos luminosos que cruzan el cielo y desaparecen... cuando esto ocurre solemos pedir un deseo. Las estrellas fugaces son, sin embargo, meteoritos: pequeñas partículas de polvo que, al penetrar en la atmósfera de la Tierra, emiten luz debido al rozamiento del aire.

REDACCIÓN / UNO CONTENIDOS
Estrella fugaz
Lo cierto es que, al cabo de un año, unos ciento cincuenta millones de estrellas fugaces surcan el cielo de día o de noche.
Lo cierto es que, al cabo de un año, unos ciento cincuenta millones de estrellas fugaces surcan el cielo de día o de noche. Nuestro sistema solar está lleno de pequeñas partículas de polvo a los que llamamos meteoritos o meteoroides, que han quedado del paso de los cometas y que penetran a la Tierra desde diferentes direcciones.

Por experiencia sabemos que cuando frotamos un cuerpo contra otro, el rozamiento hace que ambos objetos se calienten y, si el rozamiento es excesivo, entonces los objetos pueden quemarse. Con los objetos provenientes del exterior y que entran a la atmósfera terrestre ocurre un proceso similar. Al penetrar en la atmósfera, el rozamiento con el aire hace que los objetos se calienten tanto que se queman emitiendo luz.

Estas pequeñas partículas de polvo no son más grandes que la cabeza de un alfiler y, prácticamente todas, se desintegran entre 50 y 100 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre. Cuando las partículas son muy grandes, la protección de la atmósfera es insuficiente y pueden llegar al suelo en forma de meteoritos. Sin embargo, se requieren masas iniciales del orden de kilogramos y velocidades muy bajas.

Afortunadamente, los astrónomos están realizando observaciones constantemente y calculando las posibilidades de choque de los asteroides que se encuentran en el Sistema Solar, para evitar daños en los satélites y plataformas espaciales. Hay que tener en cuenta que el impacto de una pequeña partícula de polvo con un satélite puede destruirlo, y esto afectaría a las comunicaciones en Tierra, a la seguridad de los astronautas, a las predicciones sobre el tiempo, etc.

El estudio de las estrellas fugaces es también importante para determinar cómo varía el número de objetos con la masa en las cercanías de la Tierra. Aunque ya hemos dicho que las estrellas fugaces no llegan a la superficie terrestre, los cuerpos más grandes sí pueden hacerlo y un choque de un objeto de 50 metros con la Tierra podría destruir una ciudad del tamaño de Madrid.

Colisiones con la Tierra
Un ejemplo de estos peligros es el asteroide XF11, que se sospechaba que podría colisionar con la Tierra, pero que los cálculos más recientes revelan un máximo acercamiento sin choque, para el año 2028. Otro ejemplo es el asteroide 2000 BF19 que mide ochocientos metros y que, según astrónomos estadounidenses, podría chocar con la Tierra para el año 2022. Este asteroide es el quinto descubierto en los últimos años, por lo que el riesgo de un impacto con nuestro planeta está presente.

Algunos expertos comentan que poco se podría hacer ante una situación de este tipo, aunque con la tecnología que tenemos en este momento, se podría intentar desviar o destruir el asteroide si se detecta a tiempo.

Ver una lluvia de estrellas fugaces
Para ver el mayor número de estrellas fugaces es necesario, por un lado, encontrar un lugar oscuro lejos del alumbrado público, ya que uno de los factores que más afecta a la observación de meteoros es el brillo de la Luna que evita que observemos los más débiles y, en segundo lugar, ponerse cómodo, buscando una buena posición, como por ejemplo tumbado.

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