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Por su parte, los astrónomos aficionados suelen emplear diversos métodos para llevar a cabo el conteo de las estrellas fugaces. Desde la fotografía hasta las cámaras de video, los prismáticos, las técnicas de radio o simplemente sus ojos, sin ayuda de ningún instrumento óptico. Si emplean esta última técnica entonces dibujan las estrellas fugaces sobre cartas celestes anotando la hora de aparición, su brillo y su velocidad.
Las lluvias de estrellas se ven todos los años durante las mismas fechas porque los tubos meteóricos tienen órbitas definidas que no cambian con el tiempo. Al girar alrededor del Sol, la Tierra atraviesa estos filamentos durante los mismos días del año, lo que produce las lluvias de meteoros. Un tubo meteórico puede ser encontrado por la Tierra dos veces al año, como sucede con el del cometa Halley.
Las más famosas estrellas fugaces que podemos ver en el cielo, son: en enero las "Cuadrántidas" (que proceden de la constelación de El Boyero); en abril, del 19 al 25, las "Líridas" (constelación de la Lira); en mayo, del 4 al 10, las "eta Acuáridas", (procedentes del cometa Halley); en julio, sobre el 27, las "delta Acuáridas" (Aquario); en agosto, del 10 al 13, las "Perseidas" (Perseo) que son las lágrimas de San Lorenzo; en octubre, hacia el 8, las "Dracónidas" (Dragón); y del 20 al 26 las "Oriónidas" (Orión); en noviembre, hacia el 5, las "Táuridas" (Tauro); y del 13 al19 las "Leónidas" (Leo); y en diciembre, del 13 al 14, las "Gemínidas" (Gemini).
A cada lluvia se le asigna el nombre de la constelación en la que se encuentra el punto radiante y por eso es necesario conocer, más o menos, la situación de cada una de estas constelaciones.
Las Perseidas o "Lágrimas de San Lorenzo"
Es la lluvia de estrellas fugaces que podemos ver todos los veranos. También se les llama "Lágrimas de San Lorenzo" por la proximidad de su máximo de actividad a la festividad de San Lorenzo. Las Perseidas reciben este nombre porque su radiante punto imaginario donde se cortan las prolongaciones hacia atrás de los trazos meteóricos, se encuentra en la constelación de Perseo.
Fue precisamente un fenómeno protagonizado por Las Perseidas en los años 90 el que ayudó a confirmar la hipótesis de que las estrellas fugaces son el polvo emitido por los cometas que se convierten en trazos luminosos cuando entran en la atmósfera terrestre.
En dichas fechas se registró una actividad inusual de esta lluvia, tanto en cantidad como en el momento en que sucedía: unas horas antes del máximo previsto por las efemérides. Se comenzaron a registrar dos máximos de actividad separados por unas 12 horas, uno de los cuales ofrecía estrellas fugaces en mayor número y más brillantes que el otro. Los astrónomos de la Organización Internacional para la Observación de Meteoros (IMO) se arriesgaron a predecir la vuelta del cometa que supuestamente originaba esta lluvia, el Swift-Tuttle, que en ese momento no se encontraba visible. Sin embargo, sólo unos meses después de que esto sucediese, el Swift-Tuttle, con un período de 135 años, reapareció en nuestros cielos.