El objetivo con el que se fundó la Academia fue el de fijar "las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza". La RAE se presentó con un emblema formado por un crisol al fuego donde se podía leer la ya emblemática leyenda "limpia, fija y da esplendor".
Este lema obedeció al propósito inicial de combatir todo aquello que alterara la elegancia y sobre todo la pureza del castellano, y de fijarlo en el estado de plenitud en el que se encontraba desde el siglo XVI.
El arduo trabajo realizado por los académicos que conformaban tal academia y las normas lingüísticas y literarias que emanarían de esta institución, le darían la fijación y el brillo del que puede presumir la prestigiosa Real Academia Española. La creencia de poder conseguir los objetivos fijados por la institución era habitual en la España del siglo XVIII.
Con el trabajo incansable de los primeros académicos que constituyeron la institución lingüística, la RAE compuso en sólo trece años los seis volúmenes del Diccionario de Autoridades que recibe este nombre precisamente porque cada significado venía autorizado por un testimonio literario. Publicado en seis volúmenes, entre 1726 y 1739, fue una empresa científica sin parangón en su época.
Esta primera obra presentaba en su interior tres notables características:
- Se compuso enteramente de una nueva planta organizativa.
- Todas sus entradas y definiciones estaban basadas en testimonio reales.
- Estos testimonios se presentaban impresos, con especificación de su procedencia exacta, siguiendo a cada definición.
Desde esta publicación inicial, se han publicado, en un solo tomo o en dos y ya sin textos que autorizasen las acepciones, veintiuna ediciones del Diccionario "usual" o "común".