Dice Angel Elizondo, de la Compañía Argentina de Mimo, Teatro de Acción, que el mimo es teatro sin necesidad de palabra. Y así es. El mimo es el arte que se mueve entre los ámbitos de otras dos artes escénicas, la danza y el teatro. Dice Elizondo: "veo el mimo entre dos límites: el teatro y la danza. Nos acercamos más a uno o al otro. Estar justo en el medio es muy difícil y eso sería el mimo-mimo. No es mi caso, yo fui actor de teatro y sigo siéndolo en el fondo. Hago mimo porque me interesa más que el teatro."
La verdad del mimo
El terreno fundamental del mimo es la acción corporal. En el mimo lo importante es que el movimiento transmite verdad, que transmita ideas, sentimientos, sensaciones. A diferencia de la danza, en la que lo que importa es la perfección técnica del movimiento, en el mimo lo que importa es la verdad del movimiento. Dice Elizondo: "Un mimo puede ser pobre de lenguaje, falto de ideas, etcétera, pero difícilmente es, lo que en idioma teatral llamamos falso. Siempre hay mucho de verdad en su actuación. El actor, por el contrario, es casi siempre rico (autores y directores lo apuntalan), pero difícilmente es verdadero. Se mueve en la ficción".
La expresión corporal es la primera forma de comunicación del ser humano, antes que la palabra, la gesticulación debió ser una forma de comunicación. Por ello, bien podemos decir que el mimo es heredero directo de la forma de comunicación primigenia del ser humano.
Sin embargo, no por ello, es menor su capacidad de expresión. "Un actor mimo crea ilusión y se ve incluso cuando no evoca. Tiene una densidad mágica mayor, una mayor posibilidad de sugerencia. ¿Y qué es una obra de teatro sino una evocación, por más que una cama o una silla estén ahí?. El piso, si estamos en una calle, no es de madera. En el teatro sí. La acción de una obra es una evocación. No existe en ese momento, hay que hacerla creíble. Un mimo ama ser todo: piso, pared, árbol, mesa, personaje, héroe, asesino, cuaderno, animal, elemento, zapato, edificio, hombre, mujer, flor, etcétera. Hacer mimo en este sentido es como integrarnos con todo, poder ser todo lo que es en la vida."
El mimo es la forma máxima de expresión corporal. Prescindiendo de la palabra, eliminando todo objeto como elemento de referencia, el actor mimo se enfrenta al hecho de la comunicación (de la evocación) armado únicamente de su cuerpo. Y resulta curioso comprobar como este acto de representación adquiere una formulación casi mágica que parece rescatar viejos resortes atávicos de nuestro inconsciente. Es muy difícil quedarse insensible ante la actuación de un actor mimo. Siempre produce sensaciones en el espectador.
Ser y sentirse un objeto
El mundo del mimo es realmente mágico. Ver las evoluciones de un actor mimo seducen a cualquier espectador. Resulta curioso comprobar como los más atraídos por la actuación de un mimo en la calle son los niños.
El niño, por encontrarse en un estadio menor de evolución del lenguaje hablado parece ser más receptivo al lenguaje gesticular. Así, perciben con más intensidad las sensaciones que el actor transmite.
Sin embargo, el mundo del mimo es capaz de alcanzar cotas de sofisticación enormes y llegar a transmitir con su magia no sólo sensaciones y emociones, sino situaciones, pensamientos y otras muchas cosas.
"Cuando trabajaba en la Compañía de Maximilian Decroux en París, en unos ensayos hacía de pared. Me producía una enorme satisfacción estar inmóvil (¿inmóvil?) tratando de transmitir su textura, su vida. Desgraciadamente esa obra nunca se representó", dice el actor mimo Angel Elizondo.