Última representante de la civilización hispanoárabe

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La Granada nazarí se convirtió en un lugar para los eruditos defendido bajo la palabra del verso. Los nazaríes presumían de tener la lengua más hermosa y el ejército más vulnerable. |
MIGUEL NÚÑEZ / UNO CONTENIDOS
Cuando ya parecía todo perdido y el avance castellano era imparable, haciéndose Fernando III con una gran parte de las ciudades andalusíes en el siglo XIII, surgió en Jaén una nueva dinastía, la nasri (nazarí), fundada por al-Ahmar ibn Nasr, el célebre Abenamar del romancero, que habría de procurar un nuevo respiro a los musulmanes.
Desde 1269 hasta 1492 pervive en la Península el reino nazarí de Granada, último testimonio del Islam hispánico, ocupando las provincias actuales de Málaga, Granada y Almería. Su existencia fue inestable por la constante amenaza de los reinos cristianos. Algunos estudiosos han interpretado esta cultura como una prolongación hueca de La etapa anterior. Sin embargo, Granada contempló la vuelta de algunos emigrados del norte de África y sus reyes protegieron las artes, como los mejores gobernantes antiguos de al-Andalus. La Granada nazarí fue muy elogiada por los primeros visitantes cristianos después de su conquista. Granada fue la última representante de la gran civilización hispanoárabe.
De la riqueza de su medicina a la que aquella raza fue siempre y con gran provecho muy aficionada, queda el testimonio de muchos códices, único campo de su sabiduría cuya supervivencia se facilitaba. La complejidad de los azulejos geométricos, inspiración del matemático y artista gráfico Escher, nos recuerda y documenta su riqueza matemática y filosófica. Elaboraban la seda y se vestían con ella y exportaban delicados tejidos y frutos secos.
Se jactaban de tener la lengua más hermosa del mundo, y el secretario del rey tenía que ser también un calígrafo. Las cartas diplomáticas se redactaban en verso, y los manuscritos se escribían con tintas de variados colores. Un manuscrito elaborado sólo en negro sería plebeyo y despreciable. Los títulos de las obras que sobreviven son poéticos: "El collar de la paloma, un manual de amor", "El perfume del jardín, una historia", "Las banderas de los campeones, una antología poética". La enciclopedia granadina de Ibn al-Kha.t-ib, incomprensiblemente sin traducir hasta la fecha, se titula "El círculo" (I.h-a.ta), es decir, lo que incluye todo. Su abreviación, "El centro del círculo".
Los grandes literatos de la época
Abû Hayyân (1257-1344), gramático, representa el pesimismo de su época, que culmina con su emigración a Egipto. También Ibn Mâlik (1208-1274) de Jaén, marcha a Oriente. Es autor de uryûzas y de una Alkafiya y Alfiya sobre gramática.
Pero la figura más importante de este momento es la de Lisân al-Dîn Muhammad Ibn al-Jatîb, de Loja (1313-1375). Alternó su labor de poeta con la de médico y fue maestro de Ibn Zamrak. Caído en desgracia con Muhammad V, huye a Marruecos, donde, tras ser juzgado, lo estrangularon. Escribe una historia de Granada, sólo conocida por resúmenes, la "Ihâta fi ajbâr Garnâta" y sus poesías adornaron el salón de Comares de la Alhambra. Recopila, además, poesía ajena y moaxajas hispanoárabes, en el "Yays al-tawsîh"; epístolas literarias y cancillerescas en prosa rimada, en el "Rayhânat al-kuttâb", y -por supuesto- maqâmas. Murió por las herejías descritas en el "Rawdat al-ta`rîf bi l-hubb al-sarîf".
El granadino Ibn'Âsim (1359-1426), jurista malequí fue autor del adab "Hadâ`iq al-azhâr", donde incluye refranes hispanoárabes. Otro adab fue obra de Muhammad ibn Abî l-`Ulâ ibn Simmâk, el "Kitâb al-Zaharât" y el "al-Hulal al-Mawsiyya", centón de falsas noticias históricas.
Una literatura bastante escasa
Es bastante escasa la literatura que ha quedado de la segunda mitad del siglo XV. Consideramos a Ibn al-Qaysi al-Basti el último poeta andalusí. Reflejó el desastre final del reino. Esta literatura muestra, en general, la decadencia islámica y apenas destaca una Historia anónima de Granada de 1477 a 1499.
La llamada Reconquista se acompañó con una destrucción sistemática de los monumentos musulmanes, tanto civiles como religiosos. La hermosura y magnificencia de algunos monumentos célebres hoy en el mundo entero, desde la mezquita Omeya de Córdoba al palacio nazarí de la Alhambra, les preservó felizmente de la piqueta y, aunque afectados una y otro por la construcción en el siglo XVI de una capilla real de estilo granadino y la erección del incongruente y severo palacio de Carlos V, siguen brindando a sus visitantes la insólita perfección de su arte.
Pero todos los conquistadores incurren en ese género de asimilaciones y afeites y los monarcas aragoneses y castellanos no fueron una excepción. El influjo de la mirada ajena fue decisivo en el cambio de nuestra percepción del legado arquitectónico andalusí.
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