Los proverbios y refranes son abundantes y cuentan con unos buenos transmisores: los campesinos, que cuando alcanzan una cierta edad se llenan de sabiduría, enriquecida con los años. Es precisamente la voz de la experiencia, el conocimiento acumulado que da el paso del tiempo la base de lo que hoy conocemos como refranes, dichos y proverbios. Todo eso ha quedado plasmado en pocas pero importantes palabras.
La mayor parte de estas sentencias reflejan el pensamiento de seres anónimos, pero que algún momento sorprendieron a un auditorio improvisado con una sentencia inteligentemente construida que ha quedado en la memoria de la humanidad para siempre gracias a transmisores espontáneos que supieron ver en ella la sabiduría que guardaba.
Pero, sin duda, lo mejor de todo es que hay un refrán o un dicho popular para casi cualquier ocasión. Encontramos algunos relacionados con las labores agrícolas. Tal es el caso de "Agua por San Juan, quita vino y no da pan", o "Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo". Pero los hay también que nos hablan de la vida misma. Entre ellos "Bebe el agua a chorros y el vino a sorbos", "Con pan y vino se hace camino", o "Eres más tonto que el que asó la manteca con el dedo".
Los proverbios
Los proverbios son los gérmenes de la moral, o al menos así lo afirmaba Plutarco. Hay quién dice que basta con inventar un proverbio gracioso para que su nombre sea recordado por los siglos de los siglos. No parece una idea descabellada siempre que se pase por alto que los proverbios son la mayor parte de las veces anónimos. Esto explica porque son normalmente clasificados en función de su procedencia. Los hay árabes, chinos, hindús, griegos o rusos. Recordemos algunos de ellos.
Los proverbios árabes siempre han destacado por su enorme sentido poético. "Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación" o "No abras los labios si no estás seguro de lo que vas a decir, es más hermoso el silencio", son un claro ejemplo. Los chinos se vuelcan más en el sentido práctico de la vida. Tal es el caso del que dice "Si tienes un problema que no tiene solución, ¿para qué te preocupas? Y si tiene solución, ¿para qué te preocupas?"; "Disfruta hoy, es más tarde de lo que crees"; "Si no quieres que nadie se entere, no lo hagas"; "Si un hombre tiene hambre no le des un pez, enséñale a pescar"; "El clavo que sobresale siempre recibe un martillazo"; o "Cuanto más grande es el caos, más cerca está la solución".
En cualquier caso, ya estemos hablando de refranes, dichos o proverbios, de lo único de lo que podemos estar seguros es de que nunca desaparecerán. Durante años muchos escritores o amantes de la literatura popular han llevado a cabo auténticas búsquedas arqueológicas para recopilar todas estas expresiones que siguen estando en boca de aquellos que han conseguido transmitirlas de generación en generación. Es precisamente esta certeza la que no permite que nos quepa duda alguna de su continuidad en el tiempo.
Los apodos
Forma parte también de la cultura popular el empleo de apodos, de los artículos el y la antes de los nombres de personas, así como la utilización de diminutivos para referirse a personas.
Hay apodos que se remontan a muchos años atrás, y han sido heredados por los descendientes de personas ya fallecidas. Curioso es, sobre todo, que se refieran casi siempre a hombres y muy pocos a mujeres. En algunos casos resulta bastante evidente el motivo por el que se puso el apodo; en otros, es interesante notar la extraordinaria imaginación del creador del mismo. Incluso hay algunas personas no se conforman con tener un solo apodo, llegan a tener dos e incluso tres motes.
Podemos clasificar dichos apodos en diferentes categorías (aspecto físico, profesión, fauna, flora, parecido a alguien famoso, costumbres, aficiones, deformación del nombre). En cualquier caso, siempre es necesario conocer la historia que hay detrás de ellos para poder entender por qué a un tipo lo reconocen sus paisanos por pirulí, murillo, cangrejo, reniegas, canalla, taroga, chamorro, cambiador, canchas, pierras, gorilas, cuartos, romillo, cachivas, liebre, cafetera, tarrón, magro de la olla, o mocha.