La grafología nos sumerge en el mundo del inconsciente personal y en el mundo del inconsciente colectivo. Estos mundos nos llevan a los arquetipos y los símbolos que los pueblan. Y será a través de una correcta interpretación de los mismos que encontraremos las armas necesarias para resolver nuestros conflictos y todo aquello que nos inquieta.
Podremos comprender que es lo que sucede con aquellos proyectos que no podemos cristalizar. Quiero nombrar aquí a Crepieux Jamin quien la hiciera ciencia a través de sus postulados y métodos. Al psiquiatra Suizo Max Pullver que con su simbolismo espacial nos hizo ver que ante el dolor el horror y la sinrazón los seres humanos reaccionamos de manera similar en un espacio (mundo) que nos hermana. Al filósofo alemán L. Klages que le dio el sentido positivo y negativo a la escritura y como ellos tantos otros científicos que iremos citando a lo largo de nuestros artículos. Es que la Grafología es el centro cálido a través del cual se muestran los deseos, voluntades, desarrollo intelectual e instinto de la especie humana. ¿Por qué la Grafología es una ciencia?. Porque evidencia la existencia de un conocimiento cierto obtenido por demostración.
Es importante destacar el papel que la intuición juega en cada grafólogo que someta una escritura a su estudio. Todos sabemos que la razón y la intuición se complementan. Cuando se comienza a realizar el análisis grafológico de un escrito, la contemplación del mismo es de suma importancia, contemplación en soledad y como un verdadero acto introspectivo. Toda escritura es un fenómeno individual y puede ser comprendida también por la intuición. Esta ciencia tiene por objeto la única conducta humana que deja su impronta en un papel y para siempre, incluso sobrevive a su propio autor.
La letra de Napoleón
En la letra de su infancia encontraremos signos que desde algún ángulo nos permitirán vislumbrar el nacimiento de una conducta que llevaría el liderazgo como impronta. Ahora la letra de Napoleón cuando era simplemente un soldado, seguramente resaltará en ella la necesidad de sobresalir y de destacarse con firmeza en sus planes. Y finalmente, pensemos en la letra postrera, aquella que podrá confirmarnos que Bonaparte a pesar de la pérdida paulatina de su salud desconfiaba de su entorno íntimo y presentía, como se demostró, su final. El seguimiento de una escritura a lo largo de muchos años nos permite ver los cambios positivos y negativos del escribiente.
Cada una de las escrituras surge de una forma íntima y superando el modelo caligráfico. Debemos tener en cuenta que donde termina la caligrafía comienza inconfundiblemente la Grafología. Cada escritura cuando aparece sobre el papel marca su propio ritmo, como si fuera una partitura musical de aquello cuanto somos, y de cuanto tenemos. Llevando a su máximo sonido el problema o el conflicto que nos atormenta. Simplemente con la ausencia de notas (letras) marcamos las angustias y por qué no, los miedos. Todos los seres humanos podemos trabajar desde la grafología para componer una gran sinfonía individual y armónica de nuestra propia vida.
A través de cada escritura llegamos a comprender conductas y modos de quién escribe, al igual que lo hacemos con determinado tono de voz, o una mirada, o el roce de una piel, o el modo de caminar y de correr. Las letras también nos brindan una primera impresión. Muchas veces esa impresión nos encontrará exclamando: ¡Esta letra parece que pinchara!. ¡Cada una de las letras parece un globo!. ¡Esa letra es tan chiquitita y está tan separada y con renglones tan espaciados que parece un barquito navegando en soledad!.
¿Cuál será la causa por la que solemos encontrarnos con escritos de familiares o autógrafos de nuestros cantantes preferidos en cajas que hemos guardado durante años?. Y más aún, ¿por qué ese sentimiento se repite a lo largo de toda la historia de la humanidad de diferentes maneras?. Ya en el año 1575, un médico, Huarte de San Juan, se cuestionaba cómo una letra del alfabeto podía tener tal variedad de formas sin dejar de ser la misma y según la cantidad de personas que la escribiesen. Se sabe que en tiempos prehistóricos los hombres grababan en piedras o en huesos signos que podrían hablarnos de algún sentido de posesión. Según Matilde Ras una investigadora incansable de la grafología de origen español, a estos signos no se les podría llamar escritura. Ni aún a los jeroglíficos egipcios se los podría denominar así. Porque la escritura es la representación gráfica de los sonidos cuya combinación nos da la palabra. En los jeroglíficos se dibujaban los elementos de la naturaleza. Por ejemplo, el sol se representaba con un círculo con un punto en el centro y para dibujar el bosque bastaba con una rama.