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(página 2/2) ... viene de ¿Cómo está el panorama actual?
Otro importante problema a que hace frente la fiscalización de drogas en el ámbito mundial es la limitada disponibilidad para fines médicos de algunas sustancias como la morfina, la codeína y otros opioides de efecto analgésico, especialmente en los países en desarrollo. El consumo diario medio en los 20 países en que estos analgésicos se utilizaron con mayor frecuencia entre 1992 y 1996 fue de 17.450 DDD (dosis diaria definida) por un millón de habitantes, en comparación con sólo 184 DDD por un millón de habitantes en los 20 países de consumo más bajo. Esta enorme diferencia de consumo se observa asimismo con respecto a las drogas sicotrópicas, que son fármacos sicoactivos como los estimulantes y las benzodiacepinas ("bennies"). Según el informe, un consumo per cápita muy elevado de algunas drogas sicotrópicas en los países industrializados puede significar que se están utilizando sin un diagnóstico médico adecuado; en los países en desarrollo, ello puede ser un indicio de que esas drogas se venden en "mercados paralelos" debido a la gran escasez de farmacias y de otras instituciones de atención de la salud. La JIFE hace un llamamiento a los gobiernos para que incluyan entre las prioridades de salud pública la creación de sistemas de servicios médicos y farmacéuticos a fin de garantizar la aplicación de prácticas correctas de prescripción y venta. Se señala en el informe que los estupefacientes o las sustancias sicotrópicas también se comercializan equívocamente como "productos alimentarios" y "suplementos dietéticos". Además, ha habido algunas tentativas de aprovechar las lagunas de las legislaciones farmacéuticas nacionales con objeto de eludir las medidas de fiscalización de drogas aplicables a productos que contienen sustancias psicoactivas. El informe pone de relieve asimismo el extendido consumo de cannabis en casi todos los países. La Junta señala que es necesario aplicar estrictamente el tratado de fiscalización de drogas de 1961, que limita el consumo de cannabis y de otras sustancias con escaso valor terapéutico y alto riesgo de adicción a los fines médicos y científicos. Además se aconseja que las campañas destinadas a impedir el uso de cannabis deben destacar los peligros de esta droga y corregir la falsa imagen que muchos jóvenes tienen de ella; por su parte, los gobiernos han de patrocinar un mayor número de investigaciones sobre el cannabis. Gracias a la aplicación de los tratados internacionales se ha podido eliminar casi completamente la desviación de drogas lícitas hacia las rutas del tráfico ilícito y el uso indebido nunca ha vuelto a cobrar la magnitud epidémica que alcanzó en el siglo pasado y a comienzos del presente siglo en algunos países. La fiscalización de las sustancias sicotrópicas no ha obtenido el mismo grado de éxito debido principalmente a que se han aplicado medidas menos estrictas a fin de favorecer a intereses industriales y comerciales. No obstante, el número de prescripciones de barbitúricos y otros hipnóticos -en algunos países las drogas utilizadas con más frecuencia en los suicidios- así como de anfetaminas, ha disminuido considerablemente desde que entró en vigor el tratado de 1971. Hoy en día se considera inapropiado desde el punto de vista médico recetar grandes cantidades de anfetaminas para el tratamiento de diversas condiciones patológicas como la depresión y la obesidad, por ejemplo. El tratado de fiscalización internacional de drogas de 1988 ha dado lugar a la aplicación de disposiciones concretas contra el tráfico ilícito y el uso indebido de drogas, como la cooperación judicial, la extradición de los traficantes, la entrega vigilada y medidas contra el blanqueo de dinero derivado del tráfico ilícito de drogas. Las sustancias químicas, también llamadas precursores, que se utilizan para fabricar las drogas de uso indebido se han podido controlar mucho mejor gracias al tratado de 1988. Con arreglo a este tratado están sujetos a fiscalización los precursores ergotamina, ergometrina y efedrina, entre otros, lo que ha impedido la fabricación ilícita de millones de dosis callejeras de LSD y metanfetamina, así como de otros estimulantes de tipo anfetamínico. El tratado de 1988 también abarca la fiscalización y vigilancia de reactivos y disolventes como el anhídrido acético y el permanganato de potasio, lo que ha ayudado a los encargados de aplicar la ley a detectar numerosos laboratorios clandestinos dedicados a la fabricación ilícita de cocaína y heroína. El informe señala que actualmente los gobiernos parecen estar más decididos a combatir el uso indebido de drogas. El tratado de 1988 tardó sólo dos años en entrar en vigor, mientras que el tratado de 1971 no entró en vigor sino cinco años después de aprobado. Según se indica, la adhesión universal a esos tratados podría lograrse en un futuro próximo. Los países están cumpliendo en mayor medida las disposiciones de los tres tratados, en los cuales se basa la gran mayoría de las estrategias nacionales de fiscalización de drogas. Por otra parte, la cooperación entre diferentes profesiones y órganos nacionales se ha visto fomentada por una mejor comprensión de los problemas relacionados con las drogas. Sin una normativa nacional e internacional, la utilización de drogas para fines no terapéuticos habría alcanzado las mismas dimensiones que el uso de otras sustancias sicoactivas que se venden y utilizan con escasa o nula limitación, como el tabaco o el alcohol. El consumo de estas dos sustancias ha tenido como consecuencia la muerte de millones de personas cada año y dado lugar a toda una serie de comportamientos delictivos. Como revela el informe de la FIJE, la actuación tanto de los gobiernos como de las instituciones no gubernamentales esta siendo decisivo y la colaboración entre ellos es reveladora que la sociedad en su conjunto quiere acabar con el problema de las drogas, que tantas vidas quita al año en el mundo. Y es que ya sea en Internet o por medios tradicionales, el tráfico y consumo de drogas es una plaga de la sociedad actual con la que sólo podremos acabar con la colaboración conjunta de todos, e Internet nos puede ayudar, así que utilicémosla y que se acaben las drogas de una vez por todas.
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