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JOSEFINA AGUILAR / UNO CONTENIDOS El museo Quiñones tuvo que retrasar su apertura debido a la Guerra Civil y fue, finalmente, el 22 de julio de 1937 la fecha elegida para su inauguración. En aquel momento su exposición se completó con obras de Don Policarpo Sanz pertenecientes al Museo del Prado y al de Arte Moderno, ambos de Madrid, y las obras de lo que sería conocido posteriormente como la colección de arte gallego. En el año 1953 se amplía el archivo del museo, gracias al hallazgo de estelas romanas localizadas en plena ciudad leonesa. Toma forma aquí la sala de arqueología. Se configura, por tanto, un centro artístico con tres secciones que han perdurado hasta la actualidad: Arte, Arqueología e Historia de Vigo. Lo más sobresaliente a primera vista es su estructura que está amparada por la belleza indiscutible de los pazos que habitan las tierras compartidas por el territorio de Galicia. Desde el siglo XVII se viene construyendo, y dando forma, a este enclave, por lo que el conjunto resulta una tradicional construcción con reformas que, en la actualidad, han resaltado su aspecto noble y digno de atención. Fue donado a la ciudad de Vigo por Don Fernando Quiñones de León, Marqués de Alcedo, en el año 1925. La colección que hace que el museo sea de especial interés es la que aglutina una más que señalada muestra del arte contemporáneo gallego. Esto no deja de ser especial, puesto que es en el siglo XX cuando el arte de aquella tierra adquiere un carácter marcadamente autóctono frente al que siempre se había venido dando, dependiente de la capital española. Eran aquí donde se lanzaban los artistas gallegos por lo que la tierra de los pazos quedaba relegada a mera acompañante y formación interna de los creadores. Es en el primer tercio del XX cuando se produce un salto importante: el costumbrismo de las tierras gallegas toma los lienzos, y a su vez son asimilados por el resto del territorio peninsular, como una creación con carácter propio y personalidad estilística. Es el espacio de artistas como Sotomayor, Tito Vázquez, Fernández del Blanco; Folgar Lema, Carlos Sobrino, Elvira Santiso… La luz y el color parecen renovarse y explorarse definiendo a estos gallegos con nombre propio: Llorens, Corral, Abelenda, Fonseca… Entre el humor y el arte
Es el espacio para recordar a autores enraizados como Castro Gil, Ramos, Nespereira y Federico Ribas como destacados en el duro oficio del grabado, llegando incluso, algunos de ellos, a ser renovadores de la calcografía y el diseño a nivel nacional. No faltan tampoco nombres de la talla de Palmeiro, que desarrolló su labor junto a Picasso, y que, por tal razón, deja al margen el estilo costumbrista que impera en el museo. Mujeres en el pazo
Al margen de este estilismo costumbrista, expuesto marcadamente por estos autores, el museo también posee obras de artistas que se unieron bajo el movimiento de Renovadores del Arte Gallego. Autodidactas y con un sentimiento nacionalista comprometido, rechazan el folclore como expresión de autenticidad de una tierra. Es su mirada de una rudeza formal que deriva hacia una libertad plástica más allá de academicismos. Son los autores marcados por los aires cosmopolitas de Francia y sus exiliados. Un vanguardismo, el de estos gallegos de los años 20, que no reniega de su propia identidad, pero que les hace huir a territorios de mayor libertad plástica como América. Son los Renovadores los que toman especial fuerza en el Quiñones de León. Nombres como Carlos Maside, el cual se inició como ilustrador de prensa y que deriva hacia el grabado alemán a la vez que hace expresivo en su obra algo tan externamente desligado como el arte gallego y las corrientes mediterráneas. José Eiroa, Failde, Acuña, Colmeiro integran la aportación escultórica del museo dentro de los Renovadores. Dentro de la colección del Quiñones hay otra etapa contemporánea con especial representación. Se trata de la que va de la posguerra a los años 70. El costumbrismo deja aquí paso al individualismo. Luis Torras muestra sus escenas paisajísticas con una paleta exaltada, y junto a él, tres acuarelistas gallegos de la segunda mitad de siglo: Paisa Gil, Heredero y Rafael Alonso. No puede faltar la mano de la cual resurgió la cerámica más tradicional de Galicia, de Sargadelos: Isaac Díaz Pardo. Respecto a los 70, un grupo de artistas aparece en Ourense evocando a Picasso, Bacon Xaime Quessada o José Luis de Dios. Abstracción geométrica o informalismo son los ejes sobre los que se forma este arte. En los 80 se puede hablar, después de una voluntad creadora férrea, de un arte gallego a nivel internacional. Es aquí donde se dan paso a las propuestas del colectivo Atlántica, que son ampliamente recogidas en el museo. Nombres recientes como Facal, Lamas, Matamoro, Moldes, actualizan el panorama de lo abstracto. Frente a esta exposición, de lo más reciente, el Quiñones de León no olvida su pasado más emblemático: son las dos salas dedicadas a la Prehistoria y a la Arqueología de Vigo. Útiles del yacimiento de Budiño, sarcófagos medievales o el muestrario de piezas cerámicas de la Cultura Castreña, siglo VI-I a. C., contribuyen a hacer de este museo contemporáneo una reliquia unificadora de todo lo más emblemático y señero de un pueblo con raíces expresivas marcadas. Ampliar |
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