Latiendo en el corazón de Colombia, en su capital Bogotá, se halla una de las colecciones arqueológicas más importantes e impresionantes del mundo. Tras las puertas del Museo del Oro, nos aguardan más de 33.800 piezas de orfebrería, unas 13.000 de cerámica y numerosos objetos de concha, piel y hueso pertenecientes a las antiguas culturas prehispánicas (como la Sinú, la Quimbaya o la Tumaco) que se extendían por el territorio de la actual Colombia.
El museo nació al amparo del Banco de la República en 1939. En esa fecha, ya hacía unos tres años que esta institución estaba salvando de la fundición, numerosas piezas de oro precolombino. Pero no fue hasta la adquisición del poporo quimbaya (un recipiente para la cal, elaborado por esta cultura del centro del país), cuando se inició la colección de orfebrería. A partir de entonces se compraron valiosísimas piezas, que hasta ese momento habían estado en manos privadas.
Para mejorar las labores de conservación, investigación y difusión de sus fondos, el museo experimentó una reforma en 1968, y se ubicó en su sede actual. La filosofía de la institución se extendió a principios de los 80, con la apertura de ocho nuevos museos más, en toda la geografía colombiana.
La faceta divulgativa se ha consolidado, con exposiciones internacionales, como la que tuvo lugar en el Louvre de París, titulada: "Los espíritus, el oro y el chamán: el Museo del Oro de Colombia".
Una vez dentro del museo, la visita obligada es el Salón Dorado. Se trata de la exposición permanente del museo, que reúne más de 8.000 piezas de oro y evoca en el visitante la leyenda de "El Dorado".
Quien tenga la suerte de visitar el museo durante este mes de febrero y durante marzo, podrá disfrutar con la exposición "Oro. Arte prehispánico de Colombia", que se clausurará después de este período. En ella se pueden admirar las habilidades que estas culturas demostraron en el dominio del oro y la orfebrería.
La figura humana, los animales y las formas geométricas, así como la combinación de todas ellas, son los temas principales. En cambio las formas vegetales son bastante escasas.
El silencio no tiene cabida en sus paredes
Como en cualquier museo moderno, el Museo del Oro de Bogotá, no se conforma con que los visitantes contemplen las colecciones y se vuelvan a su casa. Se pretende que el que salga del edificio, retorne a su hogar sabiendo un poco más de la historia y de las culturas que poblaban Colombia hasta la llegada de los españoles. Por ello el silencio no tiene cabida entre sus paredes. El visitante cuenta con guías gratuitos, que se encargarán de explicar cada objeto expuesto y además (aunque sólo en la exposición permanente) el museo dispone de audioguías electrónicas, a un precio módico.
Las instituciones educativas y culturales también cuentan con la colaboración del museo en numerosos servicios, destinados al fomento y a la divulgación del arte y la cultura precolombina. En este sentido, se puede hablar del centro de documentación, especializado en antropología y arqueología que posee la institución.
En el caso de las visitas escolares, el museo dispone de talleres infantiles donde se fomenta el desarrollo de las actividades manuales y el interés por los temas que encontrarán en las exposiciones. También existen talleres pensados exclusivamente para los adultos, aunque con el mismo propósito: la divulgación de las culturas colombianas prehispánicas.
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www.banrep.gov.co/museo