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Museo de Ciencias de Castilla-La Mancha: una ventana al futuro

Animales prehistóricos junto a los últimos datos de la investigación aeroespacial; los problemas del agua o del medio ambiente al lado de las distintas fases del sueño humano; la aparición de los volcanes o los tratamientos a las enfermedades más acuciantes... Todos éstos y muchos más son los contenidos que podremos ver si nos asomamos, desde Cuenca, al nuevo Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha.

REDACCIÓN / UNO CONTENIDOS
El Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha se halla instalado en el antiguo convento de la Merced, en el casco histórico de la ciudad de Cuenca. Se trata de una vieja idea que arranca de hace cerca de 8 años y que, tras cuatro de trabajo, dos mil millones de pesetas de inversión e innumerables esfuerzos de rehabilitación del edificio y de diseño y realización de los contenidos del Museo, es ya una palpable realidad.

La ciudad de Cuenca viene luchando, desde varios frentes, por convertirse en una capital cultural utilizando ese ámbito como principal atractivo turístico. Contaba, hasta ahora, con tres importantes museos: el provincial o Arqueológico, con importantes muestras del pasado de esta provincia, especialmente valiosas las de los tres conjuntos de época romana que alberga (Segóbriga, Ercávica y Valeria); el de Arte Abstracto, impulsado por Fernando Zóbel y gestionado por la Fundación Juan March, que es un referente indudable para la creación artística española no figurativa de los años 50 a 70; y, por último, el Museo diocesano, instalado por la Iglesia católica bajo un proyecto del conquense Gustavo Torner, que recoge piezas artísticas muy significativas del conjunto de la diócesis.

Recientemente, se ha unido a ellos la excelente colección de Antonio Pérez, ubicada en la Fundación del mismo nombre (en la antigua iglesia de los Carmelitas), con una espléndida muestra de pintura española contemporánea. Con el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, Cuenca da un salto hacia el futuro ofreciendo, en primer lugar, un nuevo atractivo en otro orden del conocimiento humano y buscando a públicos más jóvenes que pueden combinar el interés por el pasado y por el arte con la fascinación por todo lo que sea investigación del mundo que nos rodea.

El Museo cuenta con cuatro secciones que narran, de manera divulgativa y amena, otras tantas facetas de la investigación científica y de la vinculación entre ciencia y vida: Astronomía, los Tesoros de la Tierra, la Historia del Futuro y el Laboratorio de la Vida.

En la primera sala del Museo nos encontramos con una gran máquina-reloj compuesta por piezas móviles y engranajes que miden el tiempo y que integra elementos tradicionales como las aspas de un molino o una rueda hidráulica, para simbolizar los esfuerzos de toda la humanidad, tanto por controlar la energía como por medir el transcurso del tiempo.

La Cronolanzadera es una especie de viaje hacia atrás en el tiempo, a través de una serie de imágenes que nos permite retroceder y visualizar diversos momentos de la historia de la humanidad: desde la toma de Cuenca por los franceses a comienzos del siglo XIX, hasta la ciudad en la época árabe o romana, las eras en que los dinosaurios dominaban la tierra o el surgimiento del Universo.

Los Tesoros de la Tierra
Bajo el enunciado de "La Tierra está viva" esta sección nos muestra en amplios panales los efectos de la erosión y la sedimentación sobre la corteza terrestre. También podemos ver cómo actúan las fuerzas que crean las montañas, el fenómeno del volcanismo, con un detalle significativo sobre su presencia en el campo de Calatrava (en la provincia de Ciudad Real), o diversos tipos de rocas sedimentarias en nuestra Región.

En esta misma zona, quizá la sección más destacada sea la sala que se destina a la paleontología (el estudio de los fósiles) y en la que se reconstruye con especial atención todo lo relativo al yacimiento de Las Hoyas (entre los términos de Los Palancares y Buenache de la Sierra, en la provincia de Cuenca). En él se descubrieron hace ahora poco más de 10 años inmensas cantidades de restos fósiles de animales y plantas con una antigüedad de entre 115 y 120 millones de años. Encontraremos fósiles y datos sobre tortugas, mariposas, insectos, cocodrilos, peces (celacantos, teleósteos, etc.) y aves, siendo el más destacado de todos ellos el Iberomesornis, un pequeño pájaro con características típicas de los dinosaurios pero que tenía ya la capacidad de volar.

La colección relativa a las Hoyas cuenta con más de 13.000 piezas y el yacimiento se extiende a lo largo de más de mil hectáreas. Ésta es, sin duda, una de las joyas del Museo, tanto por su espectacularidad para los jóvenes como por el interés científico de sus contenidos.

Historia del futuro
Al principio de esta sección, una pantalla de TV nos muestra, si introducimos nuestra mano bajo ella, un recorrido desde la epidermis de nuestra piel hasta los vasos sanguíneos, las células y, finalmente, la estructura más íntima de la materia viva: el ADN. En sucesivos espacios podemos observar una serie de paneles relativos al aprendizaje (centrado en el funcionamiento del cerebro), la alimentación, el trabajo, la salud, la comunicación o la lucha de los científicos por prolongar la vida humana.

En este bloque temático se trata con detalle el descanso humano, a través del sueño: el espectador puede ver a lo largo de cinco minutos, todas las fases del sueño de una persona, con sus variaciones de intensidad, y el tipo de fenómenos que suelen producirse en cada una de ellas. El final de este recorrido por el futuro es una visión de conjunto de los inventos más innovadores de los últimos tiempos, así como un conjunto de ordenadores conectados a Internet y otras bases de datos, que pueden -previa petición- ser consultados por los visitantes.

El Laboratorio de la vida
Esta sala está dedicada, de una manera más específica, a Castilla-La Mancha. La primera visión en ella es un conjunto de pantallas que nos muestran una aproximación desde el aire a las principales ciudades y algunos otros enclaves significativos de nuestra Comunidad. Más adelante se nos explica la evolución de un paisaje muy especial, pero también muy sensible, como es el Parque Nacional de las Lagunas de Ruidera y sus posibles alternativas, en función de diversas posibilidades de la acción humana sobre su entorno.

Todo lo relacionado con el agua tiene también un desarrollo importante en el Museo. Tanto las aguas subterráneas o acuíferos, como las de superficie aparecen explicadas en diversos paneles y pantallas. También podremos conocer algo más sobre nuestra flora y fauna y, en concreto, sobre cinco parajes especialmente valiosos de la Región: el hayedo de Tejera Negra (en Guadalajara), la serranía de Cuenca, las Tablas de Daimiel, el alto Tajo, Cabañeros y las zonas esteparias. La agricultura, la industria y la minería son otros aspectos que se tratan, con especial atención a sus manifestaciones en Castilla-La Mancha.

Astronomía: el planetario
El laboratorio de la vida se ubica como paso previo a uno de los recursos más llamativos del Museo: el Planetario. Nos muestra un recorrido por la historia de la investigación de los cielos desde la antigüedad clásica hasta nuestros días, con una atención especial hacia la figura de Galileo. También podremos ver imágenes tomadas por el telescopio del museo que se irán sustituyendo cada cierto tiempo por otras nuevas. El Planetario está equipado con los aparatos más modernos y pretende que el visitante se haga una idea aproximada de lo que esconde la cúpula celeste. Tiene una capacidad para 74 personas y el programa expositivo, a base de audiovisuales sobre el cielo, dura unos 20 minutos.

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