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Musée d'Orsay: el museo de la luz más vanguardista

París fue enclave de la vitalidad. Impresionismo, simbolismo, surrealismo… La fuerza de la cultura hecha paraíso bohemio. Hoy el Museo Orsay es el camposanto más luminoso de las obras de los autores que habitaron esta época dorada europea. Escultura, pintura, fotografía, artes plásticas o cerámica. ¿Existe un lugar más tentador?

JOSEFINA AGUILAR / UNO CONTENIDOS
París es un enclave cultural por excelencia. Centro de la vanguardia artística y ciudad museo en la que el ciudadano interesado puede documentarse al tiempo que disfrutar de lo que de la expresión más sublime posee. El Museo D'Orsay se sitúa como edificio esencial a la hora de realizar visitas pictóricas, lugar más importante en lo que a impresionismo se refiere. Si tenemos en cuenta la relación de Francia con esta vanguardia pictórica, el museo cobra un valor extremo.

El Orsay comenzó su construcción en el año 1708 a partir del puente Royal y es terminado bajo el Imperio. La escenografía monárquica y barroca que lo rodea le imprimen una estética no sólo interior, sino que manifiesta su atractivo desde su fachada y alrededores. Su apertura como museo al público data del mes de diciembre del año 1986 y cuyo objetivo es mostrar toda la diversidad de la creación artística occidental de 1848 a 1914.

La procedencia de las obras que conforman el centro provienen de colecciones nacionales y es básica la aportación del Louvre que hizo posible la catalogación de obras de autores nacidos a partir del año 1820 o bien de aquellos que surgieron con la Segunda república.

El Museo del Jeu de Paume también ha sido esencial para configurar las galerías del Orsay puesto que de él provienen la base más segura y característica: la del impresionismo. El Museo Nacional de Arte Moderno, que en el año 1976 fue instalado en el centro Georges Pompidou, aportó las obras de aquellos artistas nacidos con posterioridad a 1870.

Pero lo que más caracteriza al Orsay es su dedicación a una época, sin limitaciones de moda, que acotarían las muestras. También destaca su trato especial a otras artes que, hasta entonces, no encontraban lugar de perpetuidad expositiva. De esta manera, la pintura se ve acompañada por la escultura, las artes gráficas, objetos de arte, las colecciones de mobiliario, de arquitectura y de fotografía.

La iniciativa privada ha hecho que el museo se vea favorecido desde que en el año 1978 pusiera en marcha una nueva política de adquisición. Legados o donaciones se han sucedido y hacen posible que formen parte del Orsay obras de producción oficial que fueron célebres en su tiempo y que son indispensables para la escenografía documental del museo.

Pintura y pasteles
La estructura del museo parisino goza de diversas fases según categoría. Para las salas de pintura y pasteles se le ha dotado de tres plantas. El orden de la muestra es el sistema de presentación, aunque no se deja de tener en cuenta las corrientes estéticas y la obligación de mantener reunidas algunas grandes colecciones del siglo XX, adquisiciones oficiales realizadas por el Museo de Luxembourg. La planta baja está dedicada a la década de 1870. Los autores que cubren las galerías son de la talla de Ingres, Delacroix y Chassériau. También hay pinturas de Degas en sus inicios, Couture, Gustav Moreau, que aportan los primeros trazos del simbolismo. Destaca la colección del Ángelus de Millet, que evoca las tendencias naturalistas de la escuela de Barbizon. Le siguen artistas como Coubert, Manet y la presencia impresionista va haciéndose cada vez más sólida.

Escultura
Respecto a la escultura, la representación del siglo XIX es esencial por haber caído en el olvido durante cincuenta años. La representación de artistas de la primera mitad de 1800 se ve marcada por escultores como Rude, David d'Angers, Pradier, Préault y Barye. La vía realista la abren Daumier, escultor de vanguardia, y las Celebridades de ente 1831 y 1833. En la galería central se observan las esculturas de Carrier-Belleuse, Cavelier, Cordier, Delaplanche, Dubois, Guillaume, Falguiére y Mercié que ilustran el eclecticismo. Carpeaux aporta los modelos en yeso La danza, procedente de la fachada de la Ópera Garnier.

La escultura de Degas tiene un especial relieve en la Galería de Hauteurs, donde el artista imprime su rigor, al tiempo que Gaugin abre la vía del simbolismo y el primitivismo. Siguiendo la ascensión de salas, la Sala de Fetes destaca por sus mármoles tallados. También la terraza sirve de expositor con monumentos de la Segunda República como si de cuadros vivos se tratara, donde es el realismo su máxima expresión con escenas de obreros y campesinos.

Pero el que realmente ocupa un lugar privilegiado es Rodin, especial expresionista de la escultura. Así, el Orsay se beneficia de cuatro piezas del museo Rodin como son La puerta del infierno o el Balzac, provocando una transformación formal en el centro de arte. Otros autores que cierran la fase escultórica de Orsay son Maillol, Bernard, Bourdelle y Pompon.

La arquitectura y las artes decorativas
La Arquitectura se manifiesta con colecciones permanentes del escenógrafo Richard Peduzzi. Charles Garnier deja su genio arquitectónico en las maquetas y decorados de la sala de la Ópera y Víctor Navlet ofrece una vista aérea de París antes de las transformaciones de Haussmann. El total de proyectos del Museo Orsay es de catorce mil con aportaciones también de Eiffel o Gosset.

Las Artes Decorativas encuentran su espacio con obras del eclecticismo de las Exposiciones Universales que se suceden a partir de 1851. El Art Nouveau ocupa su lugar con artistas como Horta, Guinmard o Van de Velde como arquitectos; Chaplet o Carries como ceramistas y Gallé y Lalique como vidrieros.

La fotografía
Respecto a la fotografía, el Museo Orsay es el primero en dedicarle su mirada. Destacan documentos del II Imperio y la III República y las colecciones fotográficas a partir de 1979, que disponen en la actualidad de más de cuarenta y cinco mil obras. En la técnica del retrato destacan Nadar, Charles y Víctor Hugo; en la del paisaje Le Gray, Regnault, Vigier o Shaw; en las escenas animadas es Nègre el principal artista; en fotografía arquitectónica, Baldus o Salzmann; en naturaleza muerta Aubry o Braun. La imaginación y la ficción entran de la mano de los ingleses Lewis Caroll o J.M. Cameron. Tampoco el Museo Orsay se olvida de la corriente que hizo que escritores, pintores o grabadores se dedicaran a la fotografía. Es el caso de Zola, Degas, Bonnard o Rivière.

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  • www.musee-orsay.fr
     
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