¿Viajar es un placer?

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Después de muchos esfuerzos y sinsabores, las vacaciones ya están a la vuelta de la esquina. Quién más quien menos anda estos días atribulado, concretando los últimos detalles de ese viaje que ha de ser inolvidable, o bien haciendo los últimos preparativos para que la estancia en nuestro destino sea de lo más placentera. Pero, unas vacaciones no consisten exclusivamente en llevar bien provista la maleta, sino también en saber de antemano con quién estás dispuesta a viajar. Se trata de la decisión por antonomasia ya que la compañía que escojamos va a determinar el lugar al que iremos, el recorrido, el presupuesto y hasta el estilo del viaje. Y es que viajar es un placer siempre que escojas bien la compañía. |
TONI RUIZ / MUJERACTUAL
Marta lo tiene bien claro. Nunca más volverá a viajar con otra pareja. Hace tres años a su marido se le ocurrió la feliz idea de que podían compartir un apartamento en Menorca con un compañero de trabajo y con su mujer a los que Marta ya conocía de otros encuentros. En un principio, se avino a esa propuesta pero una vez instalados en el apartamento empezaron a surgir los primeros problemas de convivencia: sólo había una habitación doble, y al amigo de su marido no se le ocurrió otra cosa que jugarse esa habitación a los chinos. El resultado fue que Marta y su marido Jorge pasaron las noches de sus vacaciones en un sofá bastante incómodo.
"Siempre recordaré esas vacaciones como las más desagradables de mi vida. Esperaba que mi marido hubiese reaccionado de otra manera, como por ejemplo, buscar otro apartamento. Pero no fue así y la verdad, la relación con la otra pareja se deterioró bastante". Como se puede deducir de esta experiencia, no es la primera vez que una buena relación de amistad se va a pique por una mala experiencia de viaje.
Pero no hay nadie inmune a este tipo de conflictos. La experiencia de viajar consiste en saber sobrevivir a las diferentes situaciones. Los que viajan en pareja saben que también se llevan en su maleta todas esas pequeñas manías, costumbres o hábitos que afloran aumentados con lupa durante los días que dure la travesía estival. Esto significa que las pequeñas discusiones domésticas que se resuelven en media hora, cuando estamos de viaje suelen agrandar su tamaño y más si nos hallamos lejos de casa bajo el calor sofocante de un país mediterráneo, o cuando somos víctimas de alguna jaqueca o dolor intestinal tan típicos de la época estival. Salir de nuestro hábitat nos puede provocar una serie de conflictos de pareja, pero también es un buen motivo para fortalecer la relación como lo muestran las interminables sesiones de vídeo y diapositivas con que nos deleitan nuestras amistades en las largas veladas de invierno...
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