Mejor prevenir

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Cambio de horarios, de costumbres, de dieta... Un hecho tan común como viajar puede afectar al estómago, al que hay que ayudar a restablecer el equilibrio perdido. |
SALUD DIEZ / DIAFARM LABORATORIOS
Viajar es un placer, pero en ocasiones no somos conscientes de los diversos trastornos que esos desplazamientos suponen para el organismo. En concreto, el aparato digestivo es uno de los principales afectados por los cambios de ambiente y horario que todo viaje conlleva. Y es que está comprobado que la flora bacteriana, adaptada a su hábitat de origen y a unos patrones alimenticios determinados, se altera cuando la persona se desplaza a otros lugares debido a la ingesta, en comidas y bebidas, de bacterias diferentes.
Diarrea del viajero, un mal común
Los problemas estomacales asociados al cambio de hábitat cotidiano son especialmente frecuentes cuando se viaja a países tropicales: alrededor de un 40 % de las personas que visitan estos destinos sufren dolencias digestivas leves derivadas del consumo de agua o alimentos en mal estado, del "jet lag" y del cansancio acumulado.
La llamada "diarrea del viajero" es la dolencia más común, suele surgir en la primera o segunda semana de estancia y está provocada por la acción de determinados microorganismos (la bacteria "Escherichia coli enterotóxica" es la causa más común en este tipo de diarreas, que no suelen cursar con fiebre). Sus síntomas más habituales son deposiciones muy frecuentes y líquidas, náuseas, distensión abdominal, cólicos y malestar en general, y suele durar entre 1 y 7 días.
Las áreas de mayor riesgo incluyen los países en desarrollo de África, Oriente Medio, Asia y Latinoamérica y, aunque los niños, mujeres embarazadas y los ancianos son más vulnerables, nadie está libre de padecerla. Una vez que se presenta, se puede atajar adoptando una serie de medidas básicas:
- Hidratación: el objetivo primordial del tratamiento es restituir la pérdida de líquidos y electrolitos bebiendo durante el día suero, zumos o agua a pequeños sorbos. También se puede tomar un preparado probiótico que ayude a regenerar la flora intestinal.
- Dieta: durante las primeras horas debe ser líquida, evitando los alimentos sólidos con excepción del yogur, que contribuye a regenerar la flora bacteriana del intestino. Después hay que comenzar poco a poco a tomar otros alimentos distintos como sopas o caldos de arroz y zanahorias, patatas hervidas, pescado blanco o carne de pollo cocido o a la plancha, pan blanco tostado o manzana rallada.
- Fármacos: la mayoría de diarreas se solucionan sin medicamentos en un par de días, por lo que no es aconsejable utilizar fármacos que actúen sobre los microorganismos que las ocasionan. Pero si el cuadro diarreico se prolonga es necesario consultar al médico para que prescriba un tratamiento (que en algunos suele requerir el uso de antibióticos) si lo considera oportuno.
Medidas para evitar problemas
Existen una serie de medidas básicas encaminadas a disminuir el riesgo de padecer una diarrea del viajero:
- Cuanto más exótico sea el destino, más recomendable resulta informarse antes de las condiciones sanitarias que vamos a encontrarnos en él. Para ello se puede consultar la página web del Ministerio del Interior o la del Ministerio de Sanidad y Consumo.
- Siempre es importante mantener las medidas básicas de higiene personal (lavarse las manos antes y después de ir al servicio).
- En países tropicales o zonas sin las suficientes garantías de salubridad, consumir agua o líquidos embotellados y con el precinto intacto, o bien desinfectar el agua destinada al consumo. En principio las bebidas que se sirven calientes como el té o el café no tienen ningún riesgo. Evitar los zumos de frutas de fabricación artesanal y los cubitos de hielo.
- No consumir nunca leche o derivados lácteos sin garantías (helado en puestos callejeros, quesos frescos, repostería...).
- Renunciar a los alimentos crudos o poco cocinados (pescado en adobo, mayonesa casera, salsas...), así como a los alimentos que hayan sido preparados con varias horas de antelación.
- Rechazar fruta ya pelada o con la piel o cáscara en mal estado.
- No consumir grandes cantidades de marisco o pescado.
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Viajar es un placer, pero en ocasiones no somos conscientes de los diversos trastornos que esos desplazamientos pueden suponer para el organismo.
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