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MIGUEL ÁNGEL RIVAS / UNO CONTENIDOS El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido conserva algunos de los más bellos paisajes de las montañas europeas, a la vez que alberga una excelente muestra de los hábitats y seres vivos típicos de los Pirineos. Situado en la provincia de Huesca, en pleno corazón de la cordillera pirenaica, el territorio protegido abarca 15.608 hectáreas. Su orografía está dominada por el macizo del Monte Perdido. A su alrededor, entre escarpadas sierras, se abren los valles de Ordesa, Añisclo, Escuaín y Pineta. En la cara norte del macizo, a más de 3.000 metros de altura, se localizan los glaciares del Cilindro y del Monte Perdido. El agua y el hielo son los principales agentes que han modelado el paisaje de Ordesa, que cambia inusitadamente de una a otra época del año. Su belleza y espectacularidad no tienen parangón con ningún otro rincón de las montañas pirenaicas. Alrededor del Parque Nacional se extiende un paisaje pirenaico humanizado. Los pueblos aparecen como un desafío a las fuerzas de la naturaleza que les rodean, la vida aquí depende del respeto al entorno. Fauna
Flora
Problemática de conservación
Pasaron décadas sin que ni la pequeña extensión del territorio protegido, ni sus raquíticas y trasnochadas normas de protección fueran reconsideradas. En 1966 fue declarada la Reserva Nacional de Caza de Viñamala -que abarcaba 49.230 hectáreas e incluía al Parque Nacional y las montañas occidentales hasta el río Gállego- y, en 1977, la UNESCO aceptó nominar Reserva de la Biosfera al territorio de la Reserva de Caza. Ninguna de las dos figuras conllevaba norma alguna de protección, si bien el Estado se comprometía a desarrollar en su ámbito medidas para su conservación. Tras diez años de presiones y expedientes desde ámbitos científicos, conservacionistas y excursionistas, el 30 de julio de 1982 apareció en el B.O.E. la ley que multiplicó por siete su superficie y cambió su nombre por el de Ordesa y Monte Perdido. Al ser ampliado el Parque Nacional, quedaron prohibidas en su seno algunas actividades humanas, tales como la caza y la extracción de madera, leña y setas. Se mantuvo el aprovechamiento ganadero, actividad integrada desde antaño en el equilibrio ecológico del territorio. Ascensión al Monte Perdido
Patrimonio geológico
Los territorios del parque son muy complejos tectónicamente. Forman parte de las Sierras Interiores, conformando un amplio mando de deslizamiento hacia el sur. Existe un buen número de pliegues tumbados que, según los cortes, pueden dar la falsa impresión de estar ante series subhorizontales poco alteradas por los esfuerzos tectónicos de la orogenia alpina, la generadora de los principales relieves del Pirineo. Relativamente cerca, y dentro del entorno del parque, tenemos magníficos ejemplos visitables de desfiladeros fluviales en el cañón de Añisclo y las gargantas de Escuaín.
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