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MIGUEL ABALLE Y CRISTINA BLANCO / HILL & KNOWLTON / VIAJES NUBA Este destino, cercano y desconocido, nos ofrece una asombrosa variedad de paisajes y olores que envuelven al visitante en una mezcla de sorpresa y admiración difícil de olvidar. Los afortunados aventureros viajarán desde el Marruecos más fértil y verde, hasta los magníficos palmerales del otro lado del Atlas, pasando por los zocos más bulliciosos y el cambiante e infinito desierto. Riads escondidos
En estos intensos días, el visitante podrá disfrutar de todo el encanto de la ciudad imperial, donde conviven modernidad y tradición. Adivinos, encantadores de serpientes y malabaristas pueden contemplarse en el gran centro artesanal de la cuidad, junto a las murallas rosas o la plaza de Jemaa-l-Fna a la caída del día. A la espalda del Atlas
Uno de los paisajes más sorprendentes lo componen las gargantas de los ríos Dades y Todra. El Alto Atlas da vida al río Dades, que corta la montaña dando lugar a un valle repleto de colores. Los enormes acantilados del Todra y sus gargantas de calcio serán la delicia de los más aventureros. Durante los últimos días los exploradores recorrerán en dromedario el desierto, buscando el lugar idóneo donde compartir un té, mientras se cuentan viejas historias alrededor de la hoguera. El atardecer, con su paleta de colores, no es más que el mágico preámbulo de sus preciosas noches. Noches en las que la belleza del cielo estrellado rivaliza con la del mar de dunas y las jaimas beréberes son el mejor refugio descansar.
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