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Bahamas: el país de las setecientas islas

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Atardecer en las BahamasLa primera opción en el archipiélago de Abacos es sin duda salir a navegar en balandro, pero si está fuera de tus posibilidades no desesperes. Siempre puedes visitar el Parque Nacional de Pelícanos o el Parque Nacional de Abaco, situado al sur del archipiélago y que cuenta con veinte mil acres de extensión.

Hace trescientos años un pequeño grupo de peregrinos ingleses aterrizó en la región con la esperanza de poner en práctica una manera de entender la religión más libre. De ahí surgió Eleutera, que significa libertad en griego. Si buscas tranquilidad y calma has ido a parar al lugar adecuado. No hay que abandonar la isla sin visitar la cueva del Predicador, en la que sorprende la existencia de una capilla medio salvaje.

Inútil es proseguir sin permanecer, aunque sea unas horas, en la isla del Gato, cuyo nombre se debe a un famoso pirata británico, Arthur Catt, pero también a las hordas de gatos salvajes que los ingleses encontraron en este islote cuando desembarcaron en sus costas en el siglo XVI. La leyenda cuenta que estos animales son los descendientes de los huérfanos que dejaron los colonos españoles que huyeron en busca de oro a Sudamérica. San Salvador es otro de los grandes tesoros que esconde este país. De hecho, fue la primera de las islas que piso Cristóbal Colón cuando inició su conquista de Las Américas en 1492. De ella sólo pudo decir una cosa: "La belleza de esta isla supera a la de otras tal y como el día supera en esplendor a la noche".

Las islas de la Inagua
En el caso de las islas de la Inagua, que deben su nombre a la iguana, su mayor riqueza no es su variedad sino la sal. La mayor compañía de la región produce más de medio millón de kilos al año, convirtiéndose en la segunda salina solar en América del Norte. Resulta especialmente fascinante observar cómo los nativos trabajan este producto. Muy cerca se encuentra la isla de Acklins, una de las menos conocidas de las Bahamas, lo que se debe, en parte, a su terreno, plagado de formaciones rocosas, que permitió que piratas y bucaneros establecieran en ella sus centros de operaciones, concediéndole una reputación más que dudosa. Su mayor atractivo radica en la gran cantidad de tortugas que alberga y que llega a resultar hasta molesta.

Poner el pie en la isla de Crooked es como entrar en un jardín en el que se han reunido las más increíbles fragancias del mundo. Tranquila y remota, en ella se pueden encontrar numerosos ejemplares de aves salvajes. Los habitantes de esta región son descendientes de esclavos y su filosofía de la vida, "el amo proveerá", sigue siendo un ejemplo de la tradición que existió. El día a día es intuitivo. Una madera, una espina y poco más pueden servir para crear un instrumento cuyos sonidos, únicos en el mundo, acompañarán las noches calurosas.

En definitiva, Las Bahamas nos ofrecen una manera de ver la vida basada en la improvisación que nos aleja de los convencionalismos para llevarnos a un mundo salvaje del que podemos aprender tan sólo en el caso de que seamos capaces de no dejarnos guiar por un turismo fácil.