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La ciudad de Petra no se pudo concebir sin haber dominado, por parte de sus habitantes, el agua de lluvia, el elemento más preciado del desierto que la rodea. Gracias a las recientes excavaciones, se ha logrado desenterrar el Siq, camino de acceso a Petra a modo de pasillo entre los riscos, y que la hacen invisible desde el exterior. Atravesándolo se llega a la ciudad, que deja oculto todo el sistema de abastecimiento de agua. Su red hidráulica está formada por decenas de presas que, en épocas anteriores, recibieron el frescor del agua, junto a numerosos diques, depósitos y otros tantos aljibes, abiertos en la roca compacta de tonos rosáceos. El sistema de conducción hidráulico queda asentado sobre una serie de canales muy pequeños que desplazan el agua hacia las zonas más bajas, desembocando en unos conductos de arenisca tallados con gran delicadeza.
Gracias a todo este entramado, los nabateos llegaron a dominar esta zona durante siglos. La presencia de ciudadanos romanos en las provincias del imperio fue la causa de que se erigieran templos, termas, y viviendas, todo a imagen y semejanza de la arquitectura metropolitana. Fue Siria, en época romana, el país que más ofreció al servicio del estilo barroco romano. El tipo helenizante de la arquitectura nabatea, representada en Petra, se encuentra en toda la zona de influencia de este pueblo, desde Bosra, al norte, hasta Hegra (actualmente Mada´in Salih) en Arabia Central. Todas estas ciudades eran etapas de la ruta que unía la Arabia Meridional con Siria y Palestina. Los nabateos se limitaron, en un principio, a excavar grutas en la roca desmenuzable que domina el circo de más de 300 m para construir, junto a sus pueblos de tiendas, un hábitat permanente.
Arquitectura
Las viviendas en piedra se tallaron posteriormente, dejando, en un primer momento, una arquitectura tosca y poco trabajada, si se compara con las que aparecen a partir del siglo I d.C., durante el cual se tallaron varios templos en la roca, entre los que destaca el Qasr al Bint (Castillo de la hija del faraón), y que está dedicado, sin duda, a Du-l-Sara, principal dios de Petra.
De época romana son los templos realizados, en Petra, durante los siglos II y III d. C., y por los que ha sido conocida y utilizada como escenario natural en numerosas películas. Los grandes sepulcros rupestres, decorados con fachadas de hasta 30 m de altura, son resaltados con elementos partidos barrocos que resaltan con violencia sus formas sobre la roca.
No son fachadas construidas, sino que todas ellas han sido esculpidas directamente en la piedra, tal y como ya se hiciera en los templos egipcios de Abu Simbel y que, posteriormente, se realizara en los templos medievales de Lalíbela, en Etiopía. En todo el territorio de Petra sorprenden las obras realizadas por el hombre, que hacen geométrica parte del vasto paraje natural de grandes rocas, redondeadas por el paso del tiempo.
Siguiendo el camino del Siq, en dirección noroeste, se encuentra la Tumba del Obelisco, el Tesoro (Al Khazneh) y el Teatro para dejar, al este, las tumbas del Palacio, Corintia, de la Seda y de la Urna, el templo de los Leones Alados, el Mausoleo de Sextius Florentinus y una iglesia bizantina del siglo V con ricos mosaicos; y al oeste, el altar de los sacrificios, el Qasr al Bint, el Museo y el castillo de los Cruzados.