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Tibet, el corazón espiritual de Asia

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Población
Everest

Folklore del Tibet

El Tibet tiene una población de 2.740.000 de habitantes, según datos correspondientes a 2004, entre la que destaca una importante masa de población de carácter nómada o seminómada. A pesar de su extenso territorio, posee una de las densidades de población más elevada de todas las regiones de China. Lhasa, la capital, es la única ciudad importante con 257.400 habitantes (2004). Las etnias que forman al pueblo tibetano son la tibetana, principal etnia, a la que se han agregado otros pueblos fruto de la emigración como nepalíes, indios y chinos fruto éstos últimos de políticas de repoblamiento del gobierno chino. También se pueden encontrar otras etnias, como chinos musulmanes (Hui), Hu, Monba y otras minorías.

La mayoría de las personas que componen la población tibetana tienen el mismo origen étnico, han practicado la misma religión y hablan el mismo lenguaje. El dialecto de Lhasa es la lengua "oficial". Se trata de un lenguaje con dos niveles el zhe-sa (formal) y el phal-skad (vulgar).

Hasta 1951, viajar por el Tibet sólo era posible a pie o a lomos de algún animal. Los tibetanos utilizaban para desplazarse a través de los ríos de la zona los "coracles" (pequeños botes hechos de mimbre y cuero). El gobierno de Tibet obstaculizó el desarrollo de los transportes modernos para evitar el acceso de los extranjeros al país. Bajo el domino chino, se construyeron redes de carreteras, siendo las más importantes las de Tsinghai y la de Szechwan. Actualmente la autopista Transtibetana recorre la región de oeste a este. La primera línea de telégrafos se construyó en 1904 bajo los auspicios británicos entre Kalimpong y Chiang-Tzú. El primer enlace aéreo entre el Tibet y Pekín se inauguró en 1956. En la actualidad el aeropuerto más importante de la zona se encuentra en Lhasa.

A pesar de que el budismo chino se introdujo en el Tibet hace miles de años la principal enseñanza budista proviene de la india. Tibet constituye el centro espiritual de lamaísmo, una forma más desarrollada del budismo esotérico. Esta variante religiosa cobra su protagonismo principal en las zonas del Tibet y Mongolia. La primera orden de los monjes y lamas se estableció en el año 747 de nuestra era, expandiéndose con rapidez por toda la región. La actividad de los lamas consiste principalmente en recitar oraciones y textos sagrados entonando himnos al compás de trompetas y tambores. El clero de los lamas es convocado tres veces al día para la oración mediante el tañir de una pequeña campana. Los ritos religiosos que practican los lamas implicaban el uso de rosarios, ruedas y banderas de rezos, además de reliquias santas, amuletos, talismanes y conjuros místicos.

Con la llegada del comunismo chino, la religión ha sido severamente restringida. Se estima que casi 2.700 monasterios budistas han sido destruidos por la acción represora de las autoridades.

Qué hay que ver en el Tibet
Como cita indispensable en un viaje al Tibet, está la ciudad de Lhasa, la capital. En ella se encuentra el Potala, antiguo palacio de invierno del Dalai Lama y símbolo de la ciudad, o el Jokhang, el templo más sagrado de toda la región, hacia donde peregrinan los practicantes de esta religión. En Lhasa se puede apreciar el espíritu comerciante que poseen los habitantes de estas tierras recónditas. En los alrededores del templo sagrado se pueden encontrar en sus circunvalaciones mercadillos conocidos como Barkhor.

Tras la salvaje persecución producida por la Revolución Cultural china, en la actualidad se están reconstruyendo muchos monasterios que salpican, tanto la capital como cualquier rincón de la región. Las autoridades chinas han cambiado la represión activa y violenta por una estrategia de permitir el culto de forma controlada. De esta forma los monasterios se convierten de nuevo en los centros de las poblaciones tibetanas, pero celosamente supervisados por el gobierno. Gandem, Sera, Dreprung, Tashilumpa y Samye son algunos de los monasterios más importantes, pero principalmente en los más pequeños se podrá disfrutar de la hospitalidad de los monjes.

El Tibet es un lugar que deja su impronta en el viajero. Su paisaje, su religión, sus gentes, poseen una tenacidad y espiritualidad especiales, curtidos por el viento y el frío, son hospitalarios y amables. Una extraña mezcla entre naturaleza y misticismo.