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Casablanca: lo mejor de Oriente y Occidente

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Casablanca es una ciudad con varias caras. Con apenas tres siglos de vida y casi completamente reformada en pleno siglo XX, se la podría definir como el templo de la arquitectura moderna de Marruecos, como un lugar inevitablemente ligado a la moda gracias a sus lujosos restaurantes, sus exclusivas piscinas y sus playas privadas. Al frente de todo este complejo, la Mezquita de Hassan II, el único edificio que le devuelve a esta ciudad su carácter religioso. Y es que perderse en Casablanca es disfrutar del misterio de un paraíso en el que se mezcla lo mejor de Oriente y Occidente. |
PILAR MUÑOZ / UNO CONTENIDOS
Esta discreta ciudad, mecida por el mar, ha sido conocida durante muchos años por haber sido uno de los grandes santuarios para la experimentación de la arquitectura moderna. Desde 1912, año en el que fue aceptado el protectorado, numerosos arquitectos franceses, tunecinos y griegos acudieron a ella atraídos por la fiebre inmobiliaria que se vivía en la época. Animados por la política colonialista, estos hombres se dedicaron a llenar Casablanca con edificios en los que hábilmente combinaban modernidad y tradición. Y hasta tal punto que cualquier turista, por poco avispado que sea, es capaz de apreciar las rarezas de esta mezcla cuyo resultado final es una incalificable y enormemente rica decoración que se extiende por cúpulas, columnas y balcones de madera de cedro y en la que se han sabido asimilar las huellas del Art nouveau y del Art deco.
La vieja plaza de Francia, rebautizada en la actualidad como plaza de las Naciones Unidas, representa el centro económico de la ciudad. Inundada de comercios, este peculiar lugar concentra los principales cafés y tiendas de la ciudad. A lo lejos se puede divisar la Torre del Reloj, construida en 1910 por el capitán Dessigny. Simbolizaba el orden colonial, pero también quería indicar a Casablanca que debe vivir al ritmo que marca la civilización industrial. Demolida en 1940, fue, afortunadamente, reconstruida a imagen y semejanza de la anterior en 1994 por el ayuntamiento de Sidi Belyout.
Sin embargo, es la avenida Mohamed V, el más claro exponente de esa mezcla de estilos que muestra orgullosa al mundo Casablanca. En más de diez kilómetros se concentran los edificios más bellos de la ciudad, construidos la mayor parte de ellos en los años 30. Se trata del punto de encuentro más notable de las artes decorativas marroquies y el Art decó. El resultado: fachadas originales en los que los elementos ornamentales se asoman entre las fachadas blancas y desnudas de la época. Entre los más interesantes se pueden citar el edificio Glaoui, el cine Rialto o la oficina de correos. La vieja ciudad, bordeada antiguamente por una muralla de la que solo queda en pie una parte, aparece discreta al borde del litoral y apenas a un kilómetro del centro de Casablanca. Destruida casi en su totalidad por el terremoto de 1755, la anciana medina musulmana alberga los monumentos con más historia de la ciudad.
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