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La producción de vino es, en efecto, la actividad principal. Existen cuatro variedades según la altitud en que se planten las viñas: Sercial, el más seco, Verdéelo, semiseco; Boal, semidulce, para acompañar al queso; y Malvasía, dulce, para los postres. Fue a partir de mediados del siglo XV cuando se introdujeron en la isla las cepas de malvasía y de candía. Todas sus variedades disfrutan desde hace tiempo de una gran reputación. La comercialización de los vinos, la efectúan los ingleses, quienes, junto con Estados Unidos, son los principales consumidores.
La belleza de los paisajes, sus cumbres inaccesibles, la profusión de las flores -fucsias, hortensias, buganvillas, abundan en los jardines, a lo largo de los caminos y alrededor de los campos- y el clima templado convierten a Madeira en un lugar muy apreciado y buscado por los turistas. Actualmente el turismo está en plena expansión y constituye una de las primeras actividades de la isla. Al mismo tiempo contribuye al desarrollo de la única actividad artesana notable: el bordado, cuya finura y gran variedad de motivos gozan de una gran reputación.
De visita por la isla
Exceptuando cruceros organizados o yates privados, la única forma de llegar a Madeira es por vía aérea. Para moverse por ella se pueden utilizar los autobuses públicos, una forma inmejorable de conocer a sus habitantes y su paisaje. En el aeropuerto de Santa Caterina es posible también alquilar coches por un módico precio. Si desea visitar otras islas, un transbordador enlaza con la isla de Porto Santo a diario. Sale a primera hora de la mañana y regresa a las nueve de la noche. El viaje dura tres horas y los billetes pueden comprarse en el puerto.
La rua Corpo Santo es el pórtico del barrio viejo. Allí se combinan los restaurantes con multitud de tiendas de sombreros de paja y telares. Al final de ella, la fortaleza de Santiago, del siglo XVI, alberga un museo de arte contemporáneo.
De visita obligada es el Museo Quinta das Cruces. En él se pueden contemplar losas sepulcrales, ventanas manuelinas, varios escudos de armas y deleitarse con un paseo por su maravilloso jardín. Igualmente es recomendable visitar la villa de Blandy's Garden, a las afueras de Funchal y rodeada de una exuberante vegetación. En el interior de la villa se puede contemplar una interesante colección de litografías que muestran cómo era la vida isleña en el siglo XIX.
También resulta interesante visitar el pueblo de Monte, zona de veraneo por excelencia hasta los años 40 y lugar donde vivió y murió el último emperador austro-húngaro, enterrado en la iglesia de Nossa señora do Monte.
Si el visitante quiere realizar alguna compra puede recorrer la A dega de Sâo Francisco, en la avenida Arriaga de Funchal, donde es posible adquirir todos los vinos de la isla y realizar catas. Cerca del puerto se halla la Casa do Turista, una tienda-museo, que muestra toda la interesante artesanía de la isla.
El recorrido hacia tierras del interior no deja de sorprender al visitante por su peculiaridad y su belleza. Si emprendemos el viaje hacia el oeste por carreteras de montaña se llega a Santana, un pequeño pueblo que debe su atractivo turístico a sus peculiares casitas triangulares pintadas de vivos colores. Hacia el este se encuentra un recorrido fascinante, la carretera a Porto Moniz, que atraviesa 19 kilómetros de túneles y cascadas.
Uno de sus principales atractivos son los baños en piscinas naturales de lava. Hacia el norte de la isla se pasa por el pintoresco pueblo de Cámara de Lobos. Dominando el pueblo se halla el Cabo Girao, de 580 metros de altura, considerado el segundo más alto del mundo. Tras pasar la Ribeira Brava nos adentramos en el país profundo, escalando la Serra de Agua el panorama es sorprendente. Allí las montañas se encuentran salpicadas de pueblos encaramados y el paisaje es de una riqueza espectacular. Una vez sorteado el espinazo de la isla se llega al pueblo de San Vicente, con unas pintorescas grutas de origen volcánico. De obligada visita es la iglesia parroquial, donde se pueden contemplar frescos que muestran cuál era su aspecto en el siglo XVII.