Cuatro mil años de judaísmo, más de un siglo de sionismo, el 'crisol de la diáspora' y cerca de cinco décadas de estado moderno han creado una cultura con identidad propia pero que deja espacio para la singularidad de las setenta comunidades bien diferentes. Israel es pues la combinación de la tradición y la innovación.
Ciudad mágica por excelencia, madre de las tres grandes religiones monoteístas, Jerusalén parece destinada a ser un escenario de guerras y luchas pero también a permanecer inmune a todas ellas. La sola mención de su nombre evoca la leyenda, la historia, la pasión y el drama. Con razón ha sido llamada la eterna, la de los mil nombres, la innombrable. Israel, situado en la costa suroriental del Mediterráneo, entró en la historia hace unos 3.500 años cuando el pueblo judío abandonó su forma de vida nómada, se estableció en la Tierra de Israel y se convirtió en una nación.
El pasado año 2000, Israel se abrió ante más de cuatro millones de peregrinos procedentes de todo el mundo que se desplazaron a Tierra Santa para celebrar la llegada del nuevo milenio a través de un viaje espiritual. Así, millones de cristianos llegaron a Israel para experimentar 'en directo' los lugares bíblicos de Jerusalén, Belén, Nazaret y Cafarnaum.
Israel es un país maravilloso en el que merece la pena perderse unos días. Las visitas a Jerusalén, Belén y Nazaret son obligatorias tanto para los religiosos como para aquellos que desean saborear el misterio de la cuna de las religiones.