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Flandes. Regreso al pasado

Países Bajos, Bélgica, Flandes... Múltiples nombres para designar a una única y vibrante región europea. En la actualidad, el término medieval de Flandes nos conduce a un territorio emblemático, sugerente como una joya silenciosa y bien guardada, que situándose en el corazón del viejo continente parece latir al ritmo misterioso de un pasado cultural y político que parece haberla detenido en el tiempo.

JOSEFINA AGUILAR / UNO CONTENIDOS
Un espacio arquitectónico de esmerada conservación y un paisaje natural armónico e integrado en el que se saborea el mejor chocolate artesano, donde existen seiscientas variedades de cerveza o donde se sirven los mejores mejillones con patatas fritas no puede dejar de sorprender al visitante que de inmediato se sentirá halagado por tan gozosa acogida.

Flandes

Pero lo que hace que el visitante venga a saciar su instinto de viajante es en mayor medida el tesoro artístico que esta región guarda. El recuerdo de los numerosos pintores formados en estos parajes, los escultores, los tejedores de tapices, los orfebres y arquitectos... parecen vagar de la manera más vital por las ciudades de Flandes. Un urbanismo donde el tiempo se ha detenido haciendo que estos hombres grandes para la historia internacional sigan siendo percibidos por los visitantes, calmando la añoranza levantada por el contacto anterior con su obra. Y esta conservación cultural es más llamativa por el hecho de que en Flandes ha sido natural mantenerla viva. No se trata de una campaña turística para atraer gente, los flamencos son conscientes de que los artistas forman parte esencial de su cotidianeidad, y de esta manera le procuran una hospitalidad fiel y eterna.

Si la calle es el paraje donde laten las almas de los artistas, en los numerosos museos se conservan las obras más valiosas y admiradas. Entre los nombres ligados íntimamente a los Países Bajos, hay que destacar los de Rubens, Bruegel Van Eyck o Van Dyck, hombres que hicieron de este lugar un encuentro de artistas. Hoy también se conforma Flandes como cuna del arte recogiendo obras de los contemporáneos Magritte, Delvaux o Ensor.

Místicos en plena urbe
Dentro de la arquitectura urbana destacan los llamados Beguinazgos. Una especie de monasterio abierto a modo de comunidad urbana. En ellos vivían mujeres que querían dedicar la vida a Dios pero que no querían retirarse del mundo. Casa, calles, iglesias, plazas... conforman un pueblo dentro de las propias ciudades con un peculiar carácter de acogida. En la actualidad, estos enclaves son reconocidos por la Unesco como Patrimonio Universal.

Esta modalidad de construcción apunta hacia el especial sentido del folclore flamenco, un sentido intimista que se vincula con una artesanía popular en el sentido de que está expuesta en las propias callejuelas, insertándose en el refinado gusto de sus gentes. De su esplendor como cuna de monarcas destaca la fabricación de tapicerías, encontrándose la mayor colección en la ciudad de Oudenaarde.

Respecto a la música, Flandes guarda el mismo cuidado que para el resto de sus artes. Numerosos festivales se celebran en sus calles y centros culturales e incluso es corriente entrar en una iglesia y disfrutar del sonido del órgano en directo puesto que este instrumento es muy valorado y utilizado por los belgas.

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